"Ildefonso Calderón, político de doble cara y doble moral"
Resulta curioso que mientras alguno en Torrelavega nos convoca a un pleno extraordinario (sin ningún tipo de sentido, ya que con anterioridad sabía y conocía el resultado del mismo, además del gasto que conlleva a las arcas municipales) en el mismo acto, mediante un convencido discurso por su creída superioridad, desde un altísimo e imaginario peldaño con respecto a todos los demás, minúsculos ciudadanos mortales, sin embargo se atreva a juzgar y criticar a todos los miembros de la Corporación local y denominarnos y calificarnos como “políticos mediocres”, y más en el fondo recrimina la postura de un concejal de no acudir a su convocatoria y no cumplir con sus deberes como edil electo.
Pues bien si con esto pongo en antecedentes parte de la intervención de este político, el viernes 16 de octubre, en el Ayuntamiento de Torrelavega (enésima intervención en la que afirma sin rubor que los demás concejales somos marionetas y estamos para figurar mientras que él lo hace para defender su ciudad. Ciudad que, por cierto, se le olvidó defender cuando en el parlamento dio su voto para que prosperara el Plan Urban en Santander y no en Torrelavega). Es también de obligada mención decir que este político es el portavoz del grupo municipal del Partido Popular en el Ayuntamiento de Torrelavega, pero también, y además y más agravante, diputado regional en el Parlamento cántabro, y como tal con unos derechos (más que conocidos) pero con no menos deberes u obligaciones.
Tras todas sus rasgaduras de vestidura públicas, sus criticas y descalificaciones a los que asistimos a su circo mediático (ineficaz y “sin sentido” pleno extraordinario) y su repulsa y recriminación a quien en ese momento no cumplió con su deber por no asistir a su convocatoria, ¿cómo es posible que sin ruborizarse ni sonrojarse este señor abandone una sesión plenaria del Parlamento de Cantabria, sin causa justificada a mi humilde parecer, por contra con toda sus honra suponiendo estar y tener todos los derechos habidos y por haber para hacerlo? Siendo esta decisión la causa directa de una verdadera consecuencia, la vulneración de los derechos de sus propios votantes, incumpliendo los deberes y obligaciones del cargo electo que ostenta al negarles la posibilidad de posicionarse en el foro establecido para ello.
Por supuesto, y sin que quede ninguna duda, mi postura es clara: tanto este portavoz de grupo municipal y diputado regional, como aquella concejal de ayuntamiento, tienen que cumplir unos deberes y unas obligaciones entre las cuales está la representación y defensa de los intereses de sus votantes en los foros legalmente establecidos. Pero no comparto ni admito que algunos critiquen las faltas que luego ellos mismos cometen.
El señor Ildefonso Calderón descalifica a los miembros de su Corporación local, llamándonos “políticos mediocres”, y con sus andazas es a nosotros, todos los demás, a quienes nos resulta casi imposible calificarle. A mayor abundamiento, visto lo visto, le queda grande y es demasiado buena esa definición que él nos espetó a todos los demás.
Parece que los valores de Ildefonso Calderón son distintos si se los aplica a él y su partido o a todos los demás. ¿Qué ocurre con su ética y su moral? ¿Cómo es posible criticar a otros y no las formas, actos y actitudes de uno mismo? Esto se llama doble moral. Ildefonso Calderón ve la paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio.
Ésta es mi conclusión: Ildefonso Calderón, político de doble cara, político de doble moral.
* Olga Quintanilla es concejala del PRC en Torrelavega