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Santander 20 de noviembre de 2018 | otoño

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 31 de agosto de 2016 :::

 Fernando Collado

La misma película

Esta película ya la hemos visto. La misma historia: todos contra el señor Rajoy, que, como casi siempre, sale indemne. La gente está tan asqueada de la política actual –también de algunos políticos- que presta la mínima atención a la investidura. Mientras los diputados hablan de sus cosas en el Congreso, millones de españoles laboran, labran o ladran –a la luna de los partidos sin que les hagan ni caso- al margen de esos escaños dorados que permiten cobrar de lujo y luego optar a una jubilación de ‘vino y rosas’. Y está bien si dieran algo en contrapartida. Pero el nivel es muy bajo: por ello a Rajoy, que el primer día de la investidura estuvo de ‘pasota’, le ha servido con argumentar al ralentí para sacar la cabeza por encima del debate en la segunda jornada.

Si hemos de ir a elecciones –como parece, aunque veremos- España se podía haber ahorrado esta investidura fallida. Es todo tan previsible que al presidente en funciones, a la sazón candidato, le sirve con salir al empate, poner el autobús frente a la bancada popular y colgarse del larguero esperando a los pelotazos de sus opositores. Los para casi todos por una razón sencilla de explicar: se los tiran siempre al mismo sitio.

Emplear media hora en la tribuna para volver a sentenciar sobre lo malo que es Rajoy sin ofrecer a cambio algo mejor, y que sea creíble, es el quid de la cuestión. Oigan: si Rajoy es Drácula, como censura la mayoría de los grupos, no basta con repetirlo ante la opinión pública para que compre el diagnóstico. Digan cómo van a sacarle de su castillo y cómo conseguirán reponer la sangre de los españoles.
Decía ayer que el presidente en funciones estuvo frío, sin pasión y hasta soso en su primer mensaje como candidato. No le hacía falta nada más: le basta con las réplicas y con trufar de ironía, retranca y hasta cachondeo los argumentos de su partido. Rajoy no es malo por el hecho de ser Rajoy. Tampoco es el ‘príncipe de las tinieblas’ porque un ramillete de políticos novatos haya decidido alargarle los caninos y ponerle una capa negra. Será o no negativo por sus políticas, a las que en buena lógica habrá que oponer otras con sentido, cifras y responsabilidad. Sin populismos. Y no he visto a Rajoy en apuros, pese a que ha circulado una vez más por la Cámara Baja al ralentí y con el freno de mano echado.


::: PANORÁMICA :::