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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 18 de enero de 2017 :::

 Por Lara de Tucci

Cabárceno (Aula de Ciencias Naturales)

Quizá una de las connotaciones más edificantes que ofrece Cabárceno -y eso que son muchas y de muy alto nivel- sea la de aula de Educación para la Naturaleza; un aula donde se imparten clases de vida a más de 25.000 estudiantes al año; los cuales no son sólo de Cantabria, ya que también asisten de otros lugares de España y del extranjero. Digo que es una connotación edificante y especial porque los niños y jóvenes que acuden allí a estos encuentros lectivos que se refieren a la madre Naturaleza, salen del “aula” concienciados de que la Naturaleza tiene que ser respetada y cuidada, y es que de la misma todos formamos parte y de la misma todos nos beneficiamos. Y no sólo nosotros, pues las futuras generaciones también serán parte de ella y la disfrutarán igualmente si es que, en la actualidad, nos esforzamos en ser vigilantes al cuidado del medio ambiente y al cuidado de todas las especies animales. Pues los animales nos están enseñando de continuo idóneos rasgos y formas de comportamiento a partir de sus instintos primarios. Que eso es, precisamente, lo que aprenden en Cabárceno los grupos de estudiantes que allí se adentran guiados por monitores.

Al cumplirse más de un cuarto de siglo de su existencia, puede decirse que Cabárceno es un espacio de portento gracias a la iniciativa de un político, Juan Hormaechea, entonces presidente del Gobierno de Cantabria, que tuvo, quizá por algún toque de premonición, la feliz idea de que la enorme mina de Penagos, que había explotado la compañía Agruminsa, fuera un parque natural para envidia de Europa. Y así, hoy, hecha realidad aquella iluminada iniciativa; el parque, de unas 750 hectáreas, alberga una fauna rica en ejemplares de variada diversidad que es imposible encontrar fuera de los grandes y afamados parques africanos.

Desde luego, ya se encargan las autoridades autonómicas que se suceden de fomentar lo que yo llamo una de las joyas de la corona de Cantabria. Promocionando todos los recursos y aspectos que le son comunes a Cabárceno para conocimiento de propios y extraños. Resaltando esto, yo, por mi parte, me siento obligado a través de este medio de comunicación, “El Faro de Cantabria” de ser parte de esa plataforma que transmite el conocimiento del parque en el escaparate de FITUR con los otros atractivos turísticos de la Comunidad, y lo hago con objeto de que los curiosos y los aficionados al turismo sientan la atracción de visitar Cabárceno y observar en el parque lo que Cantabria ha sabido desarrollar para recrear la vida salvaje de los animales que, incluso, se vienen reproduciendo tras estar, en algunos casos, al borde de la extinción.

Alberga Cabárceno algo así como 1.200 animales entre las 146 especies que conviven en el parque al cuidado de los 140 trabajadores que, en temporada alta, prestan sus servicios allí; los cuales se reparten entre los que mantienen el campo en condiciones, los que se encargan de las reparaciones, los adiestradores, los veterinarios, los vigilantes del centro y los administrativos.

Pero ¿qué decir de esa importante cantidad de seres vivos, habitantes de Cabárceno y pertenecientes a tantas especies, adaptados a un hábitat que ya se puede considerar como hábitat apropiado a todos ellos, aun con sus diferencias, en el que incluso no cesan de nacer ejemplares? Podemos responder, haciéndonos eco del título de este artículo, que osos, gorilas, elefantes, lobos, jirafas, aves rapaces, pero también peligrosos reptiles que infunden cautela por ser venenosos, son como adecuadas criaturas de Dios -por emplear un término de la encíclica “Laudato si”- que, a partir de sus diferentes formas de vida, “imparten” clases de Ciencias Naturales a los continuos grupos de estudiantes y jóvenes en general que a diario visitan Cabárceno. Siendo seguro que la mayoría de ellos, pero también cuantos curiosos visitantes se acercan al parque haciendo turismo, sacan sus conclusiones acerca de la vida animal que encierra el recinto, y salen del mismo sensibilizados y dotados de una comprensión más ajustada de la Naturaleza en su conjunto. Pues el mundo animal nos proporciona no sólo alimento, sino también compañía, una compañía excepcional en el planeta Tierra que comparten con nosotros, los seres humanos.


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