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Santander 10 de diciembre de 2017 | otoño

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 25 de febrero de 2017 :::

 Fernando Collado

PP de Cantabria: ni casillo a Maíllo

No sé en qué momento la isla bonita del PP cántabro se convirtió en una carretera al infierno. Pero es fácil suponer que todo devenga de la noche de las últimas elecciones regionales –no hace mucho, allá por 2015- cuando el presidente del partido, y candidato entonces a la reelección como jefe del Ejecutivo cántabro, se arreó un sopapo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.

Tanto luchar contra los gigantes en forma de carteles por Sierrallana no trajo buenas consecuencias. Algo se nubló en el líder, hasta entonces retador pero seguro; algo cambió para siempre el día que todo un presidente con mando en plazo optó por limpiar las paredes del hospital de referencia de la cuenca del Besaya para mantenerlas impolutas de protestas sindicales, como si fuera el don Limpio de la política española. Algún tic en ese sentido había dado tiempo atrás cuando decidió pisotear el puro indefenso de Revilla que descansaba tranquilo –el puro, digo- en el alféizar de una ventana del Parlamento. Parece ser que lo hizo también por urbanidad.

Lo cierto es que la guardia pretoriana de Diego ya admite que, más allá de la gestión de gobierno y los recortes del cuatrienio 2011-2015, las formas y la imagen proyectadas por el líder en esa época mermaron en algún porcentaje nada baladí la posibilidad de una victoria suficiente para gobernar. En este escenario hubo quien ya la misma noche electoral pensó que Diego asumiría algún tipo de responsabilidad política en forma de dimisión.

Tras un amago de salida digna –relatado por los periódicos al día siguiente- Diego –en su derecho, aunque ello no quiere decir que fuera lo mejor para el partido- se aferró a la silla. Es ahí, creo, donde se acabó el ‘Paradise city’ que disfrutaron los populares cántabros en los tiempos de caviar y champán para despertarse de golpe, de frente y alarmados por un reloj estridente en una especie de ‘Welcome to the jungle’ soterrado durante un tiempo y que ha cobrado amplificación, con tintes de novela negra o comedia, según se mire, con la llegada del congreso regional. O lo que es lo mismo: el cónclave donde se reparte el poder y, por lo tanto, se parte el bacalao de los próximos años.

Y en esa jungla está ahora el PP cántabro, en la estridencia más absoluta contraviniendo los consejos de Cospedal y Maíllo (ni casillo a Maíllo, tampoco a la secretaria general y ministra). No ayudan, desde luego, una serie de figurantes sin mando en plaza o con ella que aspiran a tenerla, mantenerla o recuperarla y que llevan un tiempo practicando el ‘codazing’ (en ciclismo: meter el codo en el sprint). Y que como sigan practicando con tanta fruición sufrirán sin duda una grave luxación.


::: PANORÁMICA :::

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