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Santander 23 de abril de 2017 | primavera

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 3 de marzo de 2017 :::

 Por Norberto García

El Pacto de las Lentejas

- Espero que al menos cuando el Sr. Maíllo invite a comer a Albert Rivera o a mi buen amigo Félix Álvarez (Felisuco) no se le ocurra incluir las lentejas como parte del menú

Los políticos de este país (unos más que otros) no dejan de sorprendernos con sus declaraciones. Vale que todos entendamos que aquello del prometer es algo inherente a cualquier candidato que se precie. Vale que asumamos que no tienen fácil navegar por los cargos sin tachadura o borrón en su expediente. Pero llegar al extremo de explicar públicamente que los acuerdos de gobierno suscritos son “lentejas”, supera todo lo visto hasta ahora. Es, sin lugar a dudas, la constatación de un engaño y un desafortunado revés a la necesaria ética política que la mayoría de los españoles de bien seguimos defendiendo.

El Pacto de las Lentejas (así bautizó el nuevo coordinador general de Partido Popular, Martínez Maíllo, al acuerdo de gobernabilidad suscrito con Ciudadanos) se firmó porque no tuvieron más remedio: eran lentejas y o las comían o las dejaban, poniendo en juego la estabilidad del país y la posibilidad de unas nuevas elecciones. Objetivamente es una burla a sus firmantes y una enorme decepción para todos los defensores de la política con mayúsculas. Que todo un pacto de regeneración de la vida pública se quede en eso, en lentejas, significa que ese acuerdo, básico para que Rajoy fuese investido presidente, se firmó prácticamente sin leer. Pues si es así, y no ha habido rectificación alguna hasta el momento, ojalá esas lentejas les produzcan tantos ardores de estómago que no les llegue con una caja de Omeprazol. Visto ahora, parece que lo que único que importaba era la presidencia a cualquier precio, y eso es un fraude a la ciudadanía (y a Ciudadanos, especialmente).

Para mayor cabreo, uno de los grandes puntos de ese pacto era la fulminante purga de cualquier cargo político “imputado o investigado” por la Justicia. Pues bien, a los cuatro días, les salta por los aires su propia farsa cuando el Presidente de Murcia no está dispuesto a dimitir ni con la imputación, ni con la apertura oral del Juicio, sino solamente cuando haya sentencia condenatoria. Un marrón y de los gordos para ambos partidos, que supongo que no termine nada bien. Lo dicho: otro desengaño más que vuelve a poner en tela de juicio la honradez de unos y las marrullerías de otros. Por cierto, tampoco parece que otro de los puntos estrella del pacto, el que decía que se eliminarían los privilegios medievales de los aforados, vaya a ponerse en práctica de momento…

En fin, espero que al menos cuando el Sr. Maíllo invite a comer a Albert Rivera o a mi buen amigo Félix Álvarez (Felisuco) no se le ocurra incluir las lentejas como parte del menú. Sería otra broma de mal gusto. Como sus explicaciones del gran pacto.


::: PANORÁMICA :::

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