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Santander 26 de mayo de 2017 | primavera

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 30 de marzo de 2017 :::

 Por Fernando Collado

Nacho Diego no leyó a Paulo Coelho

"En vez de maldecir el lugar en el que caíste, deberías buscar aquello que te hizo resbalar". La cita del escritor brasileño Paulo Coelho parece un traje a la medida de Ignacio Diego, reciente perdedor de la presidencia del PP cántabro. El tiempo de Nacho, como es más conocido en Cantabria y en el partido, había acabado hace tiempo, pero él, luchador, fajador y empleado a tiempo completo en la dedicación política, se negaba a aceptarlo, quizá hasta lo desconociera. Como explica Coelho, Diego no cayó el día 25, sus piernas se habían quebrado antes; sus brazos no podían sostener ya el gran aparato del Partido Popular.

Antes de resbalar hace pocas fechas en Madrid, donde se presentó con patines de cuchilla cuando no había hielo, Nacho ya se había precipitado de bruces contra el asfalto en las elecciones de 2015. Pero la semilla la plantó mucho antes. Semilla negra. Ése fue su final: cuando recortó esperanzas y contradijo su programa, cuando retó a los trabajadores de Sniace o cuando se dedicó a romper carteles por los pasillos del hospital Sierrallana, en Torrelavega. Pisotear el puro de Revilla le salió gratis; destrozar la cartelería con demandas laborales lo mismo que arrugó su programa electoral, no. Eso se paga, y a un precio muy alto.

Diego empezó a ser historia cuando él pensaba que tenía un presente estupendo y un futuro arrollador. No era así. Le había picado la víbora de la derrota por errores propios, pero se resignaba a creerlo. Importantes cuadros del partido, en Cantabria y en Madrid, se percataron de ello y movieron ficha para no llegar a los comicios de 2019 con la marca de una nueva travesía en la oposición. Nada menos que hasta 2023. El resto es de sobra conocido: sangrante pérdida del poder por tan sólo cuatro votos frente a María José Sáenz de Buruaga y tiempo de cambio.

Aun así hay cosas que reconocer a Nacho: logró la mayoría absoluta en 2011 y también el mayor poder municipal conocido en Cantabria. Lástima que no supiera o no pudiera mantener ni lo uno ni lo otro. A cambio, se aculó en tablas y dejó hacer a algunos de sus acólitos no especialmente lúcidos. Ambas bolas propiciaron una partida de billar dramática en la que finalmente Diego acabó en el agujero.

Ahora a Nacho sólo le queda admitir, no colocar palos en las ruedas, permitir un grupo parlamentario acorde con las pretensiones de la nueva líder e irse al rincón de pensar. Si lo hubiese utilizado años atrás, quizá no estaría en esta situación. Una pena que Diego no leyera a Coelho en el momento acertado.


::: PANORÁMICA :::

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