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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 25 de abril de 2017 :::

 Juicio en la Audiencia de Cantabria

El acusado de abusar de la hija de su pareja lo niega y achaca la denuncia a intereses económicos

El acusado de abusar sexualmente de la hija de su pareja mientras dormía ha negado los hechos y ha asegurado que la relación con la chica, que entonces tenía 16 años, era "como la de un padre y una hija".

Así lo ha manifestado durante el juicio celebrado este lunes en la Audiencia de Cantabria, donde el hombre —que se enfrenta a una pena de ocho años de cárcel por acariciarle los pechos y las piernas y meterle los dedos en la vagina— ha achacado la denuncia a intereses económicos del padre, que fue quien la interpuso días después del supuesto abuso, que tuvo lugar en la madrugada del 25 al 26 de mayo de 2014, una semana antes de fallecer por enfermedad la madre de la víctima.

En la sesión, en la que también ha declarado la chica a puerta cerrada, el acusado ha negado que durmiera con frecuencia con ella, como aseveró en el Juzgado, después de que la acusación le pillara "de sopetón" y en un momento en el que estaba "desbordado".

Ahora ha precisado que en ocho años de convivencia -con ella y su pareja- "solo" durmió una vez con la menor y dadas las "circunstancias que estaban viviendo" (su pareja estaba ingresada con varios tumores en la cabeza). Así, al regresar del hospital, la niña quería dormir con él, que sintió "pena" y la dejó pasar la noche en su cama, después de que ambos cenaran unos "bocatas" y vieran juntos una película, primero en el sofá y luego en el dormitorio.

De acuerdo con su versión, el hombre se tomó una pastilla para dormir porque era tarde (sobre las dos de la madrugada) y al día siguiente tenía que madrugar para hacer un examen de conducir. Así, se quedó "dormido hasta la mañana siguiente" y ha negado que la acaricia, o que le introdujera los dedos en la vagina. Ante esta pregunta, ha contestado con "un no rotundo".

Ha añadido que le despertó su suegra sobre las siete de la mañana y que la chica, que dormía en la cama, se fue los días siguientes a casa de unos primos, como solía hacer otras veces, ha indicado.

El procesado ha manifestado que en los últimos tres años se ha planteado "mil veces" el sentido de la acusación sobre él, y a su juicio la explicación "más lógica" es que "alguien" haya "intentando" convencer a la menor "por detrás", apuntando a renglón seguido a su padre, que vivía en Cádiz pero con el que la niña tenía una relación "fluida" ya que hablaban "continuamente" por teléfono.

En este sentido, y a preguntas de las partes, el hombre se ha referido a la casa en la que vivía con su mujer, la hija de ésta y dos niños pequeños de la pareja, vivienda que estaba a nombre de él, porque ella no quiso figurar como propietaria por "miedo" a su anterior marido y padre de la víctima, con el que había tenido problemas tras la separación.

Sobre la denuncia, ha indicado que se enteró cuando fue citado en el cuartel, adonde acudió pensando que le llamaban por una discusión con un vecino por unos pinos que delimitaban sus respectivas parcelas.

A lo largo de su relato, ha defendido la relación que tenía con la víctima -"era como su padre"- y ha señalado al respecto que se encargaba de cuestiones relacionadas con la educación, mientras -ha comparado- el padre biológico le decía que "no hacía falta estudiar", sino "ser listo como él", y que incluso le había dado "una piedra" para que la pusiera a "la luz de la luna" y así "aprobar" los exámenes.

Al hilo, ha indicado que cuando la madre castigaba a la menor, por mal comportamiento o por la marcha de los estudios, amenazaba con irse a vivir con su padre y le retiraban el castigo.

El acusado ha admitido a preguntas de las partes que días antes de los hechos denunciados hizo un "chupón" a la chica, pero por un "mero juego" "sin connotación sexual".

Por su parte, el padre de la víctima ha explicado que le llamó por teléfono y le relató lo sucedido, después de contárselo a una prima, a quien dijo que la había "tocado". Entonces, el hombre cogió una avión y se vino a Santander, para buscar a la niña y presentar la correspondiente denuncia. Entre tanto, habló con un abogado y se puso en contacto con especialistas de servicios sociales.

A preguntas de las partes sobre la casa donde vivía su exmujer con su pareja y su hija, ha asegurado que no tiene "ningún interés económico", pues él (está pensionado) cobra "una nómina correcta para mí y para mi hija". "Nunca me ha preocupado la vivienda. Ni el coche. Para nada", ha zanjado.

Sobre la pensión de orfandad que percibe la menor, ha dicho que él se limita a recibir el dinero, pero que lo gestiona su madre (la abuela paterna) y ahora también la hija, que ya es mayor de edad.

De la gravedad de su exesposa se enteró, según ha apuntado, cuando fue al Juzgado a poner la denuncia por los supuestos abusos, por lo que fue después al hospital con su hija para verla y despedirse, pues sabía que se iba a morir en cuestión de días.

Según ha aseverado, la mujer le comentó que podía ir a la casa donde vivía a cuidar allí de sus hijos, extremo que ha negado la abuela materna, que estaba en la habitación del hospital y que también ha declarado en el juicio. Esta mujer ha señalado, entre otras cosas, que no notó "nada raro" a su nieta al día siguiente de los hechos, sino que la vio "como siempre". Y la noche en la que supuestamente sucedieron no oyó "nada, ni un ruido".

De lo ocurrido, la abuela considera que el padre ha "metido a la chiquilla cosas en la cabeza", que la niña se ha "creído" y lo va "diciendo" por ahí, como que pueden vivir en la casa todos juntos. Por eso, esta mujer no se cree "nada de lo que ha dicho" su nieta, que entiende además que el acusado "jamás" haría "daño" a su hija, y menos una semana antes de morir. "Yo no la creo nada. Me las ha liado tan gordas...", ha remachado la abuela sobre su nieta.

Una prima por parte de madre ha relatado que el acusado era "más que un padre" para la víctima, y ha indicado que se enteró de la denuncia estando aún en el hospital y le pareció "raro".

De su lado, una familiar que se encargaba de la limpieza del hogar ha manifestado que se enteró de lo ocurrido porque se lo contó el padre, en presencia de la niña, que estaba "muy nerviosa y muy colorada", y ha agregado que ella no se cree esta "historia".

LAS PENAS, A DEFINITIVAS

Tras el juicio, celebrado a lo largo de la mañana en la Sección Primera de la Audiencia Provincial, todas las partes han elevado a definitivas sus conclusiones y, en consecuencia, se mantienen las penas solicitadas.

La Fiscalía señala en su escrito que el acusado metió la mano por debajo de la camiseta de la menor y le tocó los pechos, acariciándole después las piernas hasta acabar introduciéndole los dedos en la vagina. Y añade que antes de levantarse de la cama, le susurró a la menor "que iba a hacerlo en otras ocasiones".

El fiscal considera estos hechos un delito de abuso sexual por lo que solicita para el acusado de 8 años de cárcel, además de la prohibición de acercarse o comunicarse con la chica durate 10 años, así como libertad vigilada de seis años desde la finalización de la pena de prisión.

Por su parte, la acusación particular pide 9 años de cárcel y la prohibición de acercarse o comunicarse con la víctima durante 20 años, además de libertad vigilada para el acusado durante 10 años tras cumplir la pena de prisión.

Además, reclama que el acusado indemnice a la víctima con 6.000 euros por el daño moral sufrido y 1.540 euros por el tratamiento al que tuvo que someterse la chica porque, a raíz de los hechos, padecía estrés postraumático.

Aparte del episodio que relata la Fiscalía, ocurrido en la mañana del 27 de mayo, la acusación particular asegura que en la noche del 25 al 26 de mayo el acusado ya realizó tocamientos a la niña en los pechos y las piernas con el mismo "ánimo libidinoso".

El juicio ha quedado visto para sentencia.


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