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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 26 de septiembre de 2017 :::

 Por Lara de Tucci

En el pecado va la penitencia

No sabemos a ciencia cierta cómo concluirá el proceso separatista en Cataluña, sí sabemos, sin embargo, que es un proceso de sombras alargadas, que se inició cautelosa y astutamente desde el inicio mismo de las CCAA en nuestro Estado de Derecho. Iniciado cautelosa y astutamente, repito, por unos políticos que, de una manera u otra, aunque confesando de boca para afuera que acataban la Constitución -y no sólo es el caso de los catalanes-; siempre encontraban el momento oportuno y el lugar adecuado, incluso en el Congreso, para lanzar a los cuatro vientos que España tenía que promover espacios soberanistas para ciudadanos que se inclinaban -como si el hecho fuera posible dentro de la UE- por una nación de naciones.

“Quitarse España de encima” es uno de los slogans que repiten ahora los líderes separatistas catalanes; esos personajes del Estatuto que se las ingenian muy bien para infundirles ideas sin sentido a gentes que, aunque estén bien preparadas en algunas facetas de la vida, son absolutamente irreflexivas. Ya que si no fuera así, rechazarían de lleno la repetida verborrea de personajes, incultos geográfica e históricamente hablando, como pueden ser Puigdemont y Forcadell. Pues Cataluña es también parte de Hispania, nombre que los romanos le dieron a toda la Península Ibérica.

Pero al hilo de ese proceso separatista de sombras alargadas, hay que matizar que el mismo viene auspiciado, generalmente hablando, por las Consejerías de Educación de casi todas las CCAA y en mayor medida, si cabe, por el Ministerio del ramo, con sus diferentes titulares, pertenecientes a distintos partidos políticos. Puesto que todos vienen consintiendo, desde el inicio de la democracia, que los escolares y estudiantes de casi dos generaciones sean anestesiados por la enseñanza tendenciosa de la Geografía y de la Historia con exposiciones tergiversadas, escritas a capricho de unos autores relacionados con políticos afines a sus inclinaciones. Por eso, los alumnos vienen tomando conciencia de que la dispersión y las divisiones -léase nacionalismos- son los conceptos más apropiados, con indiferencia de la unidad territorial y de la historia común como datos elementales que nos cohesionan en un solo pueblo, aunque con diferencias de lógicas y puntuales razones domésticas.

La Historia de España es una sola. La Historia de España tiene sus muchas nebulosas grises e, incluso, negras. Pero, muy especialmente y en mayor proporción, creo yo, tiene luces; algunas de una claridad y brillantez tales que han asombrado al mundo y que nos han ocasionado a lo largo de los siglos -¿por qué no decirlo?- envidias internacionales y también bastardos desprecios nacionales de mayúscula magnitud. Por lo tanto, sólo les falta a las mayorías de esas casi dos generaciones antes citadas abrir las páginas de nuestras diferentes etapas históricas, reflexionar sobre lo que lean y caerán en la cuenta de que mucho de lo que se les está inculcando desde ciertos textos autonómicos está ideado para la manipulación de las conciencias.

Vuelvo a la irreflexión, tan común en estos tiempos. A la irreflexión que lleva a no considerar, como desean los separatistas, que la Historia de España no puede ser distinta en cada una de esas CCAA donde se manifiestan, al abrigo de sus lenguas y dialectos, en favor de secesiones territoriales que, en todo caso, de producirse más o menos, no descompondrían en absoluto Hispania.

Incidiendo sobre el título de este artículo, me temo que el estatuto catalanista, ese pecado que hoy es la penitencia que sufrimos la mayoría de los españoles, amplíe las inclinaciones divisorias en otros territorios de España y que sus ecos separatistas se amplifiquen -los vascos están al acecho, a verlas venir para actuar en consecuencia- y no paren de surgir conflictos más o menos llamativos de esta naturaleza; promovidos por políticos ambiciosos, llenos de insano orgullo, que siembran vientos para estar ellos en el vértice de las noticias y de los titulares de los medios de comunicación. Lo cual es terreno abonado para las discordias mientras las gentes de hoy no piensen que la unidad de los diferentes reinos de España, producida con los Reyes Católicos; el Descubrimiento de América; la Batalla de Lepanto y la Guerra de la Independencia, pongo como ejemplos, no pueden tener tantas lecturas como CCAA tenemos ahora en nuestro país.


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