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Santander 12 de diciembre de 2017 | otoño

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 6 de diciembre de 2017 :::

 Por Fernando Collado

¿Dónde estabas entonces? (6D 1978)

Me acuerdo perfectamente dónde estaba en diciembre del 78 cuando se aprobó la Constitución. Es una de esas fechas clave que te llevan al lugar donde viviste algo histórico. Ahora resulta que una serie de personas con responsabilidad pública, que quizá no habían nacido en esa época o no han valorado las bondades de la Transición, quieren rasurar la Carta Magna de alguna manera sin explicar ni precisar cuáles son los objetivos de manera diáfana: se trata de volar el 78 y liquidar aquel espíritu que puso a España en la autopista de la reconciliación y el progreso.

En aquel tiempo Tierno Galván nos había sugerido colocarnos, y, aunque al día siguiente pocos encontraron un empleo, descubrimos las virtudes del cóctel con el que enamoraba 007. Ya entonces, aunque casi niños, aprendimos que unos cuantos políticos dejaron atrás lo que a priori eran sus cimientos inquebrantables para flexibilizarlos en beneficio de la colectividad. Nació una Carta, que era Magna, no necesitaba sello y marcaba derechos y obligaciones. Uno dijo “puedo prometer y prometo”, el otro “por consiguiente” y un tercero aseveró que, con la democracia, a España no la iba a conocer “ni la madre que la parió”. Y sí: sucedió algo de eso. Cuarenta años deslumbrantes han situado a la vieja piel de toro en el grupo de cabeza de la UE. Con problemas, hipos, miedos y resuellos. Pero quién no los tiene.

Fulminar el 78 no creo que sea un buen negocio. Hacerlo desde el desconocimiento me parece aún peor. Pero fabricar una teoría sin base, cuerpo y objetivos creo que es cuando menos irritante. ‘Dónde estabas entonces’, cantaba Manolo García. Yo sé dónde estaba, cómo era aquella España y cómo es ésta. No sé dónde estaban aquéllos que pretenden borrar la Carta Magna de la reconciliación y el progreso. Pero puedo, como millones de españoles, ayudarles a respetar los cimientos básicos de la norma que nos ha llevado a ser un país solidario, respetado, cabal y de progreso. La cuarta economía, por cierto, de la UE.

La historia no debe borrarse con la goma de un sentir puntual quizá desenfocado. Pueden modificarse algunas cosas, muchas si se quiere, pero con el respeto al esqueleto de la edificación y a sus bases. Un país puede desprenderse de ciertas cosas, por muy importantes que nos hayan parecido hasta ahora si es para mejorar. Pero nunca puede erradicar su espíritu. Y eso es lo fundamental de la Constitución de 1978: cuando nos abrimos al mundo nuevo y fuimos incluso capaces de mejorarlo.


::: PANORÁMICA :::

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