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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 28 de diciembre de 2017 :::

 Por Lara de Tucci

Interpretando al Rey

El discurso del Rey en la Nochebuena vuelve, como en años anteriores, a concitar un cúmulo de opiniones que nos sirven para conocer quienes son los que están animados y resueltos a mantener la unidad de la Nación española y quienes son, por el contrario, los que se desviven, políticamente hablando, por seguir proponiendo divisiones; esas divisiones demoledoras que únicamente sirven para enfrentar entre sí a los ciudadanos de ciertas regiones de España, pero que también valen incluso para crear desencuentros entre miembros de los grupos familiares.

En este sentido de las opiniones divergentes de los políticos acerca del discurso de la Corona, se ha producido una declaración que quizá haya que catalogar como de neutral; aunque también puede que sea tachada de oportunista, pues esto de nadar y guardar la ropa en política suscita bastante desconfianza entre los ciudadanos. Me estoy refiriendo a la opinión de Carme Forcadell, que expresa que “respeta la opinión del jefe del Estado”, pero también que “espera que se respeten las opiniones de los catalanes que se expresaron en las urnas el 21-D”. Manifestaciones contradictorias las suyas que corroboran, sin duda alguna, que ella, aunque sea por consideraciones oportunistas, respeta la Constitución y respeta de la misma manera a cuantos denigraron del artículo 155 de la Carta Magna.

La mujer se ha situado, quizá sin pensarlo muy bien, en el centro de ese cúmulo de opiniones antes aludido. Centro político equidistante de cuantos entendieron, en sus conclusiones alusivas al discurso del Rey, que sus palabras iban dirigidas expresamente -y esto sería entender bien la postura de Felipe VI en cuanto a Jefe del Estado- a animarnos a todos los españoles a seguir en el presente una ruta de entendimiento, dentro de la pluralidad, que nos alcanzara un futuro sin sobresaltos y progresivo en todas las facetas sociales: pleno empleo; educación; sanidad; economía; seguridad ciudadana, e ilusionantes perspectivas donde todos sintiéramos a España bien situada en el conjunto de los países de la UE. Lugar que nos corresponde, desde luego, por nuestra Historia y nuestra Cultura, con páginas que nos engrandecen mucho más que a otros pueblos europeos que suena con mayor resonancia en Europa por culpa, precisamente, de las desidias de algunos a la hora de promover los logros nacionales.

Desidia para promover los logros nacionales que nos distinguen. Y aquí es donde hay que colocar a los otros políticos equidistantes del centro; que, aprovechando el discurso de Nochebuena de Felipe VI, no tienen reparos ni inconvenientes en opositar descaradamente al valimiento de las divisiones entre nosotros. Esas divisiones que nos encerrarían sin remedio en compartimentos estancos de políticas nada recomendables y de consideraciones trasnochadas; donde las programaciones para un futuro esperanzador próximo, aunque igualmente lejano -como lo quiere, lo siente y lo argumenta el mismo Rey-, serían utopías sin sentido alguno, hechos inalcanzables y esperanzas que nacerían frustradas. Y que, por otra parte, nos harían caminar con el pie cambiado y dando palos de ciego en cualquiera de las facetas en las que se desenvuelven los pueblos y las sociedades cuyos principios esenciales se basan, sin dudad alguna, en la armonía y el entendimiento.

Y si se busca crear divisiones permanentes entre los ciudadanos, si se alimentan los desencuentros sociales, ¿cómo no criticar al Rey, haciendo interpretaciones de su discurso que se salen de toda lógica política? ¿Cómo no hacer de sus palabras apropiadas dianas que sean el blanco de todos los “saeteros” oportunistas: esos que buscan sembrar los terrenos políticos de críticas destructivas? En este sentido ahí están, al respecto, las manifestaciones nada acertadas de los de Podemos: “abrazar los argumentos del PP por parte del Rey”. “Es una Monarquía que elige bandos”. “Agravar los problemas en lugar de buscar resolverlos”. “Hemos visto y oído a un Rey incapaz de conocer el fracaso de su hoja de ruta en Cataluña, etc, etc”.

Pero no son sólo los del grupo Podemos los que se extralimitan; ya que, por poner otro ejemplo, ahí tenemos a los del PNV, que por medio de su portavoz han saltado al ruedo de esas críticas destructivas con una expresión que tiene que dejar perplejo a todo buen español y que le echa leña al fuego de las discordias divisionarias: “El Rey sigue ignorando la existencia de naciones dentro del Estado”.

Todo esto nos hace pensar que desde Podemos, desde el PNV y desde otros grupos displicentes con la política nacional nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino a todos los españoles, a consecuencia de tener ellos una visión incongruente de lo que es realmente el Estado de Derecho y una visión estrafalaria de lo que deber ser el oficio de un Rey que defiende los intereses de todos los ciudadanos sin distinción de regiones y defiende asimismo una Nación que sea patria para todos por igual.


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