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Santander 21 de abril de 2018 | primavera

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 1ro de abril de 2018 :::

 Por Lara de Tucci

Clérigos en contradicción

Créanme los lectores si les digo que estoy hastiado de escribir sobre el tema de Cataluña; pero es que el problema no cesa de atizarnos sobresaltos a todos los españoles de buena voluntad. Uno de esos sobresaltos -el más reciente cuando escribo estas líneas- es de naturaleza mayúscula; ya que así se puede considerar que la Ciudad Condal haya perdido unos ingresos de unos 20 millones de euros y, sobre todo, la pérdida de imagen al verse privada de la Barcelona World Race a causa de la inestabilidad política y las dificultades para encontrar patrocinadores por tal motivo. Contratiempo que le sigue al de no convertirse en la sede Europea del Medicamento. No sopeso que esté muy contenta su alcaldesa, Ada Colau, de tanta metedura de pata de ella y de los que con ella comparten tendenciosas posturas políticas.

Pero como escribo en Semana Santa, días de oración en común, principalmente, de todos lo católicos -así tendría que ser- y el problema salpica incluso a parte del clero catalán, no puedo por menos que dejar aquí estas letras para consideración de los fieles que me lean. Pues hace unos meses uno de los miembros de la Conferencia Episcopal Tarraconense (CET) confesa: “vamos a un callejón sin salida”; cuando el conjunto de los obispos de allí pidió diálogo acerca del proceso soberanista con una frase que suscita, cuanto menos, muchas interrogantes entre los creyentes: “aceptar que Cataluña es una nación, dijeron, no significa independizarse”.

Días de oración en común, he dicho. El mismo Jesucristo exclamó: “Padre Santo, guarda en tu nombre a estos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Jn. 17,11). Y desatendiendo este ruego divino, -ahora en días Santos he tenido yo noticia de ello-, llegó una carta en forma de manifiesto al Vaticano firmada por unos doscientos sacerdotes y diáconos catalanes en relación al referéndum del l-O. Documento que el Gobierno de Mariano Rajoy consideró digno de una respuesta oficial; la cual remitió a la Santa Sede a través del embajador Gerardo Bugallo.

Dicho manifiesto no estaba exento de contradicciones en lo referente a la postura de los clérigos de Cataluña y en lo referente también al contenido integral del mismo; con una serie de reflexiones que, como apunté al principio, nos provocan sobresaltos y ciertas susceptibilidades de esas que nos impulsan a cuestionar con razonamientos muy claros todo cuanto el grupo de los firmantes cree entender como pensamientos sugeridos por las creencias cristianas “en sintonía con nuestros obispos”, escribieron; cuando, en realidad, son sólo tres o cuatro los prelados de allí que se confiesan partidarios de una ruptura con España. Por otra parte, los religiosos firmantes no tuvieron reparo alguno en declarar -algunos de ellos actuaron bajo presiones de compromiso- que actuaban movidos por “los valores evangélicos y humanísticos”.

Resulta sumamente preocupante la actitud colectiva de los de esta carta, preocupante, claro está, para los españoles en general, que no desean que España se descomponga, y preocupante para los católicos practicantes en particular. Pues el cometido de los consagrados es, o debiera ser, el de unificar criterios con el fondo de las líneas básicas del Evangelio; donde se sugieren rasgos fraternales sin que ni las dudas ni los equivocados matices de las confrontaciones aparezcan por ninguna parte para sembrar divisiones entre aquellos que se encuentran animados por la fe de la Iglesia. Pero he aquí que dichos firmantes, por muy movidos que estén, como aseguran ellos, por “los valores evangélicos”, se desentendieron del cometido catequético de su condición de religiosos y, no sintiéndose llamados a formar parte del gran conjunto que forman con sus compañeros del clero, hacen un grupo aparte con ideales que fomentan graves desencuentros entre los creyentes. Que eso es lo único que hasta el momento se ha conseguido con la torcida actitud de estos curas. Ya que contra cosa, léanse las aspiraciones separatistas de gentes de allí, no van a poder satisfacérselas ni acudiendo a la Santa Sede; entre otros motivos, porque el Vaticano no reconoce el nacimiento de un Estado por secesión.


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