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Santander 18 de noviembre de 2018 | otoño

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 27 de octubre de 2018 :::

 Por Fernando Collado

Revilla pone la sexta

No digo La Sexta (que también por las veces que allí aparece), sino la sexta velocidad. Revilla, el candidato incombustible al que sus rivales políticos y detractores quisieran dar un cerillazo aprovechando la hojarasca seca del otoño, comparecerá el próximo año de nuevo en las elecciones para auparse por sexta vez al Gobierno regional. Hasta la fecha ha sido tres veces presidente en acuerdos con el PSOE y otras dos vicepresidente tras pactos con el PP.

Sus críticos le atacan por mediático, populista, sagaz aprovechategui de la cruda realidad social; doctor con recetas foráneas que no aplica en casa. Sus seguidores, decenas de miles en Cantabria, que incluso se multiplican en el resto de España, le quieren y respetan por su claridad en el verbo, su cercanía, por llamarle al pan pan. Porque lucha con una barquichuela contra los trasatlánticos de la política. Y porque se declara español en tiempos en que cada vez más políticos rehúyen la palabra para sustituirla por presuntos sinónimos que más que una afirmación son un regate.

Hace algo más de tres años que Revilla batió el récord: presidente por tercera vez. Superó a Juan Hormaechea y a José Joaquín Martínez Sieso, dos cada uno. Ahora aspira al póker, una vez que los máximos directivos del PRC hayan considerado dos circunstancias a reseñar: que es aún el mejor cartel del regionalismo y que no hay otro en el banquillo que ni se le acerque. El purriego, lesionado, por encima de los 75 años y con casi 40 en la actividad pública, remata a gol con garantías cualquier centro al área con argumento político, social o económico. Sus rivales lo saben y preparan la cerilla que, una y otra vez, el líder regionalista moja la noche anterior a los comicios.

Revilla se va a enfrentar de nuevo al cristal de las urnas. Esta vez con 76 tacos. Atrás, la mayoría retirados, quedan los que fueron en algún momento de la historia sus rivales: Hormaechea, Vallines, Sieso, Jaime Blanco, Lola Gorostiaga, Manuel Garrido, Angel Agudo... Ahora se medirá a candidatos más jóvenes, aunque todo parece indicar que, en el colmo de la paradoja, lo va a tener más fácil que nunca. El encuentro hay que jugarlo, y puede haber sorpresas, pero casi todos los partidos a los que tendrá que retar vienen de una ruptura en mayor o menor medida. La más grave, la del PP, su rival más crudo, al que jamás ha vencido, aunque estuvo a punto de hacerlo en 2015. Ahora o nunca, sabe Revilla. El PSOE tampoco ha digerido bien la transición interna -aunque le beneficia el abordaje de Pedro Sánchez a la Moncloa-, en tanto que Ciudadanos y Podemos han atravesado por complejos momentos de organización interna que les restará algunos de los números que sumen por el innegable tirón de ambas formaciones en el panorama nacional.

Contra ello, el PRC -que saldrá casi desde la pole con el 30 por ciento de los votos de la última cita electoral- se ha mostrado en estos años como una nave reforzada, sin vías de agua y con la única incógnita de lo que vaya a durar el capitán. Los regionalistas, en buena lógica, no sólo han de pensar en ganar con Revilla, algo que se da como muy probable, sino plantearse muy en serio el recambio. Tienen cuatro años para ello, a no ser que pretendan ponerlo también en un cartel en 2023, con 80 años.

A día de hoy, Revilla puede jugar de titular y decidir el partido en tres acciones. Porque tiene calidad y experiencia. Y un olfato innato para percibir la sangre del voto: un tiburón que ha nadado en todos los mares, desde los fríos del par de diputados (cuando el PRC estuvo prácticamente en la lona por el gancho al mentón de la UPCA de Hormaechea -otro animal político-) a los cálidos actuales, donde gracias al viento favorable y al buen hacer de la manada (el regionalismo ha sabido cultivar y cuidar a la mayoría del rebaño) apenas está obligado a enseñar la aleta.

Atrás quedan los años en los que un ’juvenil’ de Polaciones hacía campaña por los pueblos al tiempo que participaba de manera activa en la conquista de la autonomía para su tierra. Un hombre de números (Económicas en la cantera de Sarriko) que acabó enamorado de las letras como escritor de exitosos libros que se venden como sobaos de pura mantequilla preñados de letras. Sus detractores le odian tanto como le temen. Sus rivales nunca lo dirán en público, pero en la distancia corta coinciden en que es el "tío más listo" que han visto en el escenario de la política. Quizá por eso es capaz de reciclarse cada cuatro años y vender obras que ya había comprometido en el pretérito. Algunas de las cuales están en el debe de un Gobierno central chuleador (gestione la izquierda o la derecha) que cuando mira al norte nunca habla cántabro ni siquiera en la intimidad.

Una tropa de directivos de medios de comunicación y presentadores que no saben dónde está la Cruz de Cabezuela y que, a menudo, se refieren al lugar de nacimiento del purriego como Poblaciones, le persiguen ahora porque la audiencia no sabe de creencias. Pero Revilla no gana gobiernos por la pizarra de noche ni obviamente porque acuda en taxi a la Moncloa, sino por una inteligencia natural que le lleva a mover la ficha adecuada un segundo antes de que lo haga quien pretenda destruirle. Y porque ha sido capaz de torcer y retorcer aquel dicho que sentenciaba: "De Polaciones no te fíes aunque te den la palabra, porque engañaron al lobo en el corral de Lombraña".


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