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Santander 16 de noviembre de 2018 | otoño

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 8 de noviembre de 2018 :::

 Por Lara de Tucci

Noviembre, mes de cementerios

En noviembre, es una tradición bastante arraigada en nuestra cultura acudir a los cementerios adonde los visitantes, con creencias o no, llegan a rendir homenajes a los seres queridos que se fueron. Si la expresión “rendir homenajes” parece exagerada, podemos cambiarla por la de “recordarlos”.
Y eso es, particularmente, una constante a primeros de noviembre de cada año, cuando se celebran las fiestas litúrgicas de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos. Pues generaciones y generaciones lo vienen haciendo desde el siglo IV, cuando la Iglesia se pronunció ya abiertamente en favor de rezar por el eterno descanso de los muertos y para pedir, de la misma manera, que ellos, desde el “más allá”, intercedan por nosotros: por nuestra salud y seguridad.
En el mundo Occidental, además de estos recuerdos funerarios, hoy en día -¿será por los avances sociales?- se imparten también cursos de tanatopraxia; prácticas que vienen adquiriendo cierta relevancia en alumnos que no cesan de actualizar sus conocimientos para destacar en una actividad todavía bastante hermética por aquello del miedo y la repugnancia. Pues la tanatopraxia -además de usarse para otras cosas- sirve para adecentar los cadáveres y que éstos presenten aspectos más de celebraciones festivas que de seres abocados a la destrucción en las sepulturas.
Así, por ejemplo, a las féminas las peinan, las maquillan y les aderezan sonrisas que les dan apariencias de felicidad en las últimas horas en que son vistas en este mundo. Pero la tanatopraxia es igualmente reclamada para los hombres, y si éstos fueron seres de cierta edad, se les aplican también en los rostros y en las manos fórmulas de rejuvenecimiento tales, que ya las hubieran querido tener en vida para resultar atractivos y para “ligar”; como se dice hoy en términos coloquiales cuando se habla de amores. También se les tiñe el pelo, como a las mujeres, si es que no les colocan pelucas, se les recortan las cejas, se les arreglan las barbas, y a los de ambos sexos se les eliminan las bolsas de los ojos si las tuvieran, Y ellas y ellos, estrenando trajes impolutos para aparecer como dispuestos a desfilar en las alfombras rojas. Las unas y los otros, en fin, con detalles que dignifiquen y moldeen la misma muerte horas antes de encontrarse con las secuelas de los sepulcros.
Al conjunto de la muerte, aparte de la tanatopraxia de estos últimos años, se le deben también renombrados cementerios que aglutinan incluso artísticas obras lapidarias; cementerios a los que se acercan curiosos visitantes que buscan datos históricos, tumbas de hombres ilustres e, incluso, detalles que no se ven fuera de los camposantos. Ocurre esto también en Madrid, desde donde escribo, con el cementerio de la Almudena y las sacramentales de San Isidro y de San Justo.
Pero tenemos que alejarnos más para hallar otras maravillas tanatoriales que, además, son como una especie de recopilaciones culturales. De esta manera podemos detenernos en el cementerio del Monte de los Olivos, de bíblicas referencias, desde donde se aprecia una paradisíaca panorámica de Jerusalén, y es que los judíos consideran este cementerio como el lugar donde comenzará la resurrección del Fin de los Días para la humanidad. Y siguiendo con los judíos, hay que referir que en Maguncia (Alemania) tienen un cementerio que es una joya del año 1012, con la arquitectura de sus lápidas de enorme maestría; este recinto mortuorio puede ser visitado por turistas.
Ya en Buenos Aires, está el cementerio de la Chacarita; construido sobre una propiedad agrícola que el Gobierno expropió para dar sepultura a los cientos de muertos que ocasionaron sendas epidemias de fiebre amarilla y de cólera. Este camposanto cuenta con visitas guiadas y en él están enterrados, entre otros personajes, Carlos Gardel y Juan Domingo Perón.
Tampoco pasaremos por alto el célebre cementerio parisino del Père Lachaise; dicen de este extenso rincón mortuorio que se trata de un lugar muy bien ajardinado; apropiado para recrearse románticamente en otoño. Por eso es el cementerio más visitado en París; por eso y porque es una necrópolis que aglutina variada arquitectura funeraria; incluso tumbas góticas que los turistas pueden curiosear en visitas guiadas; donde se les muestran, con el romanticismo y el recogimiento que produce la reflexión sobre la muerte, lugares de enterramiento de ídolos y celebridades como pueden ser Fréderic Chopin, Oscar Wilde u Honoré de Balzac.
Y volando a EE.UU. podemos acercarnos, próximo a Washington, al cementerio de Arlington; quizá el camposanto más grande del mundo por sus más de 300.000 enterramientos. El lugar es de acceso gratuito para turistas; incluye la tumba del Soldado Desconocido, con restos de militares sin identificar, muertos en diferentes guerras. Así como la tumba de John F. Kennedy con una llama permanentemente encendida. Y todos los yacentes de todos estos lugares santos esperando la fecha del Juicio Final prometido por Jesucristo para ser exhumados. Aunque en España hay políticos que alguna exhumación quieren llevar a cabo cuanto antes.


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