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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 14 de agosto de 2016 :::

 Por Luis Herrera

Reino Unido: ¿Reino?; ¿Unido?

Hace pocas semanas, vísperas del astronómico solsticio de Verano (para muchos, San Juán), un emblemático territorio, que sucedió al nuestro en la hegemonía del mundo, sometió a votación la decisión, probablemente, mas trascendente con que se han enfrentado sus ciudadanos: el "BREXIT", frente a la Unión Europea, de la que formaba parte desde 1973.

Este territorio, el Reino Unido de Gran Bretaña, formado por cuatro países y otros muchos, estela cometaria de su imperio, actualmente ligado bajo la Commonwealth of Nations, organización que abarca naciones de la entidad de la India, Pakistán, Canadá, Australia, Nueva Zelanda, República Sudafricana; hasta minúsculas otras de "los siete mares", como aquella del Pacífico, la República de Kiribati, cuyos habitantes, inferiores en número a los de Torrelavega, son los primeros humanos en arrancar, cada año, la última hoja del calendario. Sumando mas de 2.000 millones de habitantes, en todos los confines del mundo, aún sienten el poder de la herencia de tiempos pasados. Su jefatura de Estado, encarnada en Su Majestad la Reina Isabel II del Reino Unido y de las otras numerosas naciones, muchas de ellas repúblicas, retrata en sepia lo que llegó a ser aquel hegemónico territorio.

Solo la adherencia al sentimiento patriótico de aquél fenómeno, pudiera estar en la clave del resultado de la consulta popular. Tal, permite obtener una radiografía actual de la metrópoli de aquel imperio y de su evolución hasta nuestros días. Así, el sector mas nostálgico de su sociedad, coincidente con el de mayor edad, ha debido decidir el plebiscito, importandoles poco la actual encrucijada de los jóvenes, muchos de sus nietos, y los desafíos de la, ya claramente asentada, globalización social. Tal vez, la falta de referencias próximas y cotidianas, como, por ejemplo, el Euro ha venido siendo en nuestro caso, y una percepción perturbadora de los fenómenos inmigratorios internos, (desde la propia Unión Europea, principalmente), sumada al temor de perdida de la añorada preponderancia, obligada por la propia pertenencia a una Unión Europea mas distributiva, hayan tenido que ver en la decisión final.

Aunque intachable, y formalmente democrático; sociológicamente no parece muy científico que una sociedad, crisol de culturas por antonomasia, pueda fundamentar así, en una coyuntura social tan cambiente, una decisión tan trascendente. Sorprende, por tanto, que tal plato de lentejas, el exiguo peso porcentual del resultado ganador, haya valido para formalizar tan formidable cambio. Además, el carácter y distribución de la respuesta, manifiesta un dibujo territorial del propio Reino Unido, que hace recapacitar sobre el resultado del reciente referéndum para la independencia de Escocia. Pocos ramilletes de problemas podría crear mas floridos, la monosilábica respuesta solicitada por el inoportuno, y ya historia, Primer Ministro, Cameron, a los británicos.

Cabe pensar que si tal evento hubiera sucedido en nuestro pais, el enjuiciamiento inmisericorde de "las dos españas", la nacional improvisación, la añoranza del pasado por recalcitrantes nostálgicos y otras lindezas por el estilo, hubieran imperado como explicación sociológica del fenómeno. El caso es que, lo sucedido, ha tenido lugar en la tierra referente de la mesura, ponderación y destilación democrática; como por tal teníamos a la, hasta ahora, monolítica Gran Bretaña.

Por contra, la inglesa visión de Europa como una Unión Europea de Patio de Monipodio, Torre de Babel o flamenco carro de heno, en el que cada cual va a lo suyo, pudiera, a la luz de estor resultados, estar reflejando algo propio. Ellos, muchos, con la adhesión a sus tradiciones, han sellado un futuro incierto del que, ahora, van apareciendo atisbos de lamento y arrepentimiento. Las semanas próximas exclarecerán si, por fín, tras el importante, aunque no vinculante, referéndum del 23 de Junio, se produce, por parte del Parlamento Británico, al amparo del artículo 50 del tratado de Lisboa, la normativa solicitud de salida del Reino Unido a la Unión Europea. De su desarrollo, puede depender, incluso, la propia identidad de tan emblemático territorio. El futuro, aún, no está escrito.


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