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Santander 24 de mayo de 2017 | primavera

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:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: 3 de noviembre de 2016 :::

 Por Lara de Tucci

Desbloquear los desatinos

Ya que todos los pronósticos anticipaban que Mariano Rajoy dejaría de ser Presidente en funciones en la votación del pasado 29 de octubre, como así ha sido, no dejemos pasar la oportunidad de referir algo de su actuación en estos casi nueve meses de su funcionalidad; que ha tenido que lidiar desbloqueando desatinos para la gobernabilidad de España. Y lo hacemos con el convencimiento de que el ya Presidente con funciones y su partido, el PP, han estado a las duras y a las maduras a lo largo de un proceso institucional sin precedentes en nuestro país. Pues duras han sido -y aún lo están siendo- las críticas, por ejemplo, acerca de los escándalos de corrupción de elementos que pertenecieron al partido de los populares, y que, por lo mismo, fueron corrupciones que provocaron que en las elecciones del 20-D no se volviera a conseguir la mayoría absoluta.

Dejando a un lado esos escándalos que todavía están siendo juzgados, vamos a centrarnos en el talante de Rajoy para hacernos una idea exacta de sus cualidades de estadista puestas al servicio, con más o menos acierto, de la Nación, al servicio de la Constitución y al servicio de las mismas leyes que nos regulan en el panorama político.

Hay que decir, por otra parte, que tras su investidura casi todos los medios de comunicación, por medio de sus comentaristas, señalan con letras mayúsculas que la victoria de Rajoy se debe en gran medida al debacle que está sufriendo el PSOE a causa de la división interna en el seno del partido; división que sufren con toda seguridad, es conveniente anotarlo, por los maniqueos de Pedro Sánchez -dado su afán desmedido por entrar en la Moncloa- con los populistas de Podemos y con los separatistas. Y eso que históricas figuras del socialismo y figuras menos experimentadas dentro del partido, pero muy consecuentes e, incluso, prudentes, con la situación que se estaba viviendo en España, le venían aconsejando a Sánchez que para el bien del país y de la propia formación socialista, abandonara fórmulas kafkianas y dejara gobernar a los populares para evitar el desatino y el sonrojo de unas terceras elecciones.

Claro que no todo el éxito de la investidura de Mariano Rajoy ha venido de la mano de los socialistas que se abstuvieron. Pues al político gallego hay que reconocerle un gran sentido de orientación cuando las convulsas mareas de la cosa pública reclamaban habilidad para desenvolverse y mantener a flote la nave aun cuando continuas rachas -léase voces agoreras y entorpecedoras- de vientos adversos pretendían el naufragio. Rajoy ha sabido ir adaptándose en todos estos meses a lo que las situaciones le requerían y exigían, para la gobernabilidad de España, a un Ejecutivo en funciones. Pues, como le hemos visto y oído en el Congreso, ha venido acomodándose en sus discursos a las propuestas que la Cámara, sumamente dividida, quería constatar de sus programas políticos. Los populistas, para sepultarlo en vida; algunos socialistas, para tacharlo de incapaz de gobernar, y los de C´s y los del PP, para reafirmar sus fiabilidades en él, reconociendo su empeño en una postura de líder político que nada tiene que ver con los personajes que recreara Franz Kafka.

Así, en sus intervenciones en el Congreso planteaba siempre los mismos proyectos de actuación para sacarlos adelante si era investido: La integridad de España en la diversidad de sus regiones. Un Gobierno estable con urgencia para sacar adelante y corregir lo emprendido cuando gobernaba en mayoría. El diálogo para los retoques en la educación. El aunar criterios para la financiación autonómica y el gasto público. Y adaptarse a los diversos programas que la UE viene proponiendo para que sean cumplidos por todos los estados miembros.

Pero lo bueno de esto es que Rajoy, como he dicho antes, ha estado obrando en consonancia con las situaciones que España demandaba para cumplir con los intereses de todos los españoles y para no abandonar los compromisos europeos. Ya que unos y otros -él lo sabe muy bien- le irán demandando un continuo estado de alerta para entenderse en el Hemiciclo con otras formaciones políticas que no dejarán de ponerle trabas a los principales puntos que su nuevo Gobierno en minoría plantee. Por eso hay que concluir diciendo que ya veremos si sus promesas de diálogo con todos se cumplen, y si esos “todos” minimizan las exigencias que no sean razonables para los interese del conjunto de los españoles.


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