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Las jóvenes españolas, cada vez menos feministas

En 2025, menos de cuatro de cada diez jóvenes españolas se declaran feministas, según el estudio Juventud y Género publicado por Fad Juventud. El estudio pregunta a jóvenes de 15 a 29 años sobre su relación con el género y las relaciones románticas. Gran parte de la juventud española reconoce la existencia de desigualdades entre sexos, sin sumarse al movimiento que las combate.

En España, menos de cuatro de cada diez jóvenes se autodenominan feministas en 2025. Es decir, más del 60% de los jóvenes no se identifican con un movimiento que, sin embargo, reclama la igualdad entre mujeres y hombres. Pero ¿qué es realmente el feminismo? Según el Centro de Información sobre los Derechos de la Mujer, se trata de un movimiento sociopolítico que tiene como objetivo «la realización efectiva de la igualdad de derechos, oportunidades y responsabilidades entre mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida».

Feminismo en declive entre los jóvenes

La figura marca un punto de inflexión. Según el Barómetro de Juventud y Género 2025 de Fad Juventudel sentimiento feminista entre las personas de 15 a 29 años está en su nivel más bajo desde 2021. Ese año, alcanzó su punto máximo con casi una de cada dos jóvenes. En 2023, había vuelto a caer a alrededor del 42%. Dos años después, se confirma la caída: casi doce puntos menos que en el pico histórico.

La tendencia no es lineal. En 2017, poco más de un tercio de los jóvenes dijeron que eran feministas. El movimiento ganó entonces terreno, impulsado por las movilizaciones del 8 de marzo y la cobertura mediática de la violencia machista. Pero desde 2021, el impulso ha disminuido.

¿Cómo explicar este descenso? “Hoy en día la gente ve el feminismo como una herramienta de manipulación política”, explica Pablo, un estudiante de una escuela de negocios de 21 años. Según el estudio realizado por Fad Juventud, la mitad de los jóvenes entre 15 y 29 años apoyan los comentarios del barcelonés. El término está cargado de significado. Sugiere que, para una parte de la juventud, el feminismo ya no es percibido como una demanda social transversal, sino como una ideología partidista, asociada a debates polarizados sobre el “wokismo” y las cuestiones de identidad.

Sin embargo, la paradoja es sorprendente. Casi uno de cada dos jóvenes reconoce la existencia deImportantes desigualdades de género en España.. En otras palabras, la observación es compartida, pero la palabra “feminismo” divide. La brecha es particularmente marcada entre los sexos: alrededor de seis de cada diez mujeres jóvenes identifican desigualdades significativas, en comparación con poco más de un tercio de los hombres jóvenes. La brecha supera los veinte puntos porcentuales, lo que pone de relieve que la desconfianza hacia el feminismo está creciendo con más fuerza entre los chicos. “Vemos que todavía hay muchas desigualdades, pero muchas de nosotras dudamos en llamarnos feministas”, confiesa la joven catalana. «Tenemos miedo de que la palabra nos ponga en un solo bando, cuando sólo estamos a favor de la igualdad. »

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Ambivalencia persistente en las relaciones románticas.

Más allá de las etiquetas, el estudio también se centra en la dinámica de pareja. Y aquí nuevamente los resultados plantean interrogantes. Casi una cuarta parte de los jóvenes considera los celos una prueba de amor, frente a alrededor del 12% de los adultos. Asimismo, casi un tercio considera importante conocer constantemente los movimientos de su pareja, indicador de la normalización de determinadas formas de control.

Estas cifras no reflejan un cambio masivo hacia modelos sexistas. La mayoría de los jóvenes, por el contrario, valoran la comunicación abierta y la igualdad de derechos y responsabilidades dentro de la pareja. Más de tres de cada cuatro creen que estos principios son fundamentales para una relación sana.

Ésta es toda la ambivalencia que resalta Fad Juventud. Los discursos de igualdad coexisten con prácticas más tradicionales. Los jóvenes pueden afirmar su apego al equilibrio en la pareja tolerando conductas controladoras. Pueden reconocer las desigualdades estructurales sin pretender ser feministas.

Por tanto, esta disminución de la identificación no significa necesariamente un rechazo total de la igualdad entre los sexos. Más bien, revela una batalla simbólica en torno a la palabra “feminismo”. En un contexto de creciente polarización política, el término cristaliza tensiones.

Queda una pregunta: ¿qué sucede con una causa cuando quienes comparten su diagnóstico se niegan a asumir responsabilidad por ella? En España, los jóvenes de hoy parecen dudar entre la adhesión a principios y el distanciamiento de la etiqueta. Una zona gris que constituye un gran desafío para los actores de la igualdad en los próximos años.