Vista panorámica de una ciudad europea con arquitectura variada y cielo brumoso.

España: ola de calor y contaminación, un cóctel mortal

Incluso antes de que comenzara el verano, España experimentó los primeros episodios de calor intenso con la mitad del país en alerta de ola de calor. Las altas temperaturas tienen efectos negativos en nuestra salud. Sin embargo, el impacto de las olas de calor en la salud no está relacionado únicamente con la temperatura. También está relacionado con la contaminación.

En general, la mezcla de calor y contaminación aumenta la mortalidad al agravar patologías preexistentes: personas con enfermedades crónicas respiratorias, cardiovasculares, renales, neurológicas y endocrinas ven empeorar sus síntomas, lo que puede provocar la hospitalización o la muerte.

Las situaciones meteorológicas que provocan olas de calor en la Península Ibérica son generalmente de dos tipos. Un anticiclón que se asienta sobre la Península y limita tanto los movimientos verticales del aire, llamados convección, como los movimientos horizontales, llamados advección. Esta ausencia de viento, asociada a una fuerte insolación, hace que las temperaturas aumenten día tras día, hasta que el anticiclón se mueve o se debilita. La otra situación meteorológica ligada a las olas de calor corresponde a configuraciones atmosféricas que empujan aire muy caliente y seco desde África hacia la Península.

Altas temperaturas y contaminación

Las situaciones anticiclónicas impiden la dispersión de contaminantes, provocando un aumento de las concentraciones de contaminantes primarios, aquellos que se emiten directamente a la atmósfera, como el dióxido de nitrógeno (NO₂). La presencia de dióxido de nitrógeno, combinada con condiciones de estabilidad atmosférica, fuerte insolación y altas temperaturas, también favorece la formación de un contaminante secundario: el ozono troposférico (O₃).

Durante las olas de calor provocadas por la llegada de aire sahariano se favorece el transporte de partículas en suspensión de origen desértico hacia la atmósfera local. En estas situaciones, las condiciones atmosféricas también favorecen el aumento de las concentraciones de dióxido de nitrógeno y ozono en el aire.

Además, las condiciones de sequía extrema pueden provocar incendios, que también liberan partículas tóxicas y compuestos orgánicos volátiles que pueden producir picos de ozono troposférico.

Todo ello hace que los días de ola de calor en la Península a menudo vayan acompañados de altos niveles de contaminación atmosférica, lo que afecta a la calidad del aire que respiramos.

Efectos sobre la mortalidad diaria

Tanto la contaminación del aire como la temperatura durante las olas de calor afectan la salud de grupos con similar vulnerabilidad, agravando principalmente el mismo tipo de enfermedades respiratorias y cardiovasculares. Así, durante una ola de calor hay un exceso de mortalidad atribuible a la temperatura, pero también a mayores concentraciones de contaminación del aire.

La Oficina Española de Cambio Climático, en su Evaluación de Riesgos e Impactos Derivados del Cambio Climático de 2025 menciona la necesidad de integrar el efecto de la contaminación con el impacto de la propia temperatura en la definición de temperatura característica de una ola de calor.

En cuanto a la activación de planes de prevención de salud pública ante las olas de calor en Europa, la Organización Mundial de la Salud establece que la temperatura para definir una ola de calor debe basarse en criterios epidemiológicos, y no exclusivamente meteorológicos. En otras palabras, es necesario determinar la temperatura a partir de la cual aumenta la mortalidad de manera estadísticamente significativa. Este nivel debe constituir el umbral de temperatura que define una ola de calor, utilizado para prevenir los efectos de las altas temperaturas sobre la salud.

Actualmente, las temperaturas umbral utilizadas por el Ministerio de Sanidad español en su trabajo no tienen en cuenta el posible efecto de la contaminación y atribuyen todo el exceso de mortalidad a la temperatura. Sin embargo, existen métodos estadísticos para identificar por separado la mortalidad atribuible a la temperatura y la atribuible a la contaminación.

En un estudio pendiente de publicación, encontramos que aplicando este enfoque a todas las provincias españolas, las temperaturas que definen una ola de calor, una vez que se tiene en cuenta el efecto de la contaminación, aumentan una media de 0,5°C para el conjunto de España, con variaciones geográficas a nivel provincial que oscilan entre 0,1°C y 2,9°C.

Implicaciones para la salud pública

Aunque un aumento de 0,5°C pueda parecer marginal, en términos epidemiológicos puede modificar significativamente los umbrales de riesgo para la población. Se trata de cambiar la temperatura a la que se activan las alertas sanitarias, se movilizan los recursos de prevención y se considera la exposición al calor como un riesgo importante para la salud. Esto también implicaría emitir menos alertas relacionadas con el calor, pero alertas más precisas y efectivas.

ola de calor españa

Además, parte del exceso de mortalidad observado durante las olas de calor se atribuye a la temperatura cuando en realidad se debe a la contaminación. Según nuestras estimaciones, de media para toda España, esta mortalidad atribuida erróneamente a la temperatura durante las olas de calor representa el 18,7%. Esta cifra se eleva al 22,5% durante los días de ola de calor provocada por la llegada de polvo del Sahara.

Pero quizás lo más importante es que hoy en día sólo se ponen en marcha medidas preventivas destinadas a evitar este exceso de mortalidad basado en los efectos de la temperatura sobre la salud: hidratarse mejor, no exponerse al sol, utilizar aire acondicionado. Por otro lado, no existen acciones encaminadas a proteger a los ciudadanos frente a la contaminación, como llevar mascarilla o evitar el ejercicio al aire libre, ni medidas adoptadas por las administraciones para reducir esta contaminación atmosférica.

Estas podrían incluir, por ejemplo, limitar el tráfico rodado, así como las actividades industriales y de producción de energía, que podrían conducir a un mayor aumento de las concentraciones de contaminantes atmosféricos, particularmente en las zonas urbanas.