Fin de semana en Barcelona

Perderse una velada: la enfermiza ansiedad de los expatriados barceloneses

Fiestas, cenas, conciertos… Barcelona está llena de oportunidades para salir de fiesta, y para algunas personas perder una oportunidad de divertirse es sinónimo de mucha ansiedad. Explicaciones de un fenómeno que se está generalizando, especialmente entre los jóvenes.

Foto de portada: Equinoccio

Elegir es renunciar. Y Justine y Glenn, ambos de 27 años, luchan con este concepto, especialmente desde que se mudaron a Barcelona. Es cierto que con más de 600 establecimientos festivos (discotecas, bares, salas de karaoke), la vida en la capital del condado se compone de elecciones constantes, que no están exentas de frustración. Los dos franceses padecen lo que no es la enfermedad del siglo, pero sí muy parecida: la ansiedad por el fracaso, o fomo en inglés (“miedo a perderse algo”).

Habla Caroline Gourdier, psicóloga clínica en Barcelona. Esta ansiedad, que afecta principalmente a jóvenes de entre 20 y 30 años, es una enfermedad presente en todo el mundo, pero que aquí se agrava especialmente, nos dice. Está en duda el estatus de metrópoli de una ciudad que, como París o Nueva York, nunca se detiene: siempre hay algo que hacer en algún lugar y, por lo tanto, potencialmente, algo que perderse. Justine, que vive en la capital del condado desde hace dos años, sabe que es muy vulnerable:

Fin de semana en Barcelona

No es de extrañar que esta especialista en marketing sea una víctima, nos dice la psicóloga, que cree que el perfil típico de este tipo de ansiedad es el de mujeres jóvenes solteras de entre 20 y 30 años, más vulnerables aún si son expatriadas.

De hecho, los franceses en Barcelona y los expatriados en general reciben a menudo visitas y no quieren negar una salida a sus huéspedes de vacaciones. De manera similar, regresar a Francia para ver a la familia puede generar frustración, como explica Justine:

“Tenemos que encontrar un equilibrio”

¿De dónde viene esta ansiedad? Para Glenn, originario del noroeste de Francia, tenemos miedo de no ser amados, por eso tenemos que estar ahí en todo momento para tranquilizarnos. En Barcelona esta necesidad de salir suele asociarse a la fiesta, que generalmente implica consumo de alcohol y falta de sueño. Los dos veinteañeros están de acuerdo: muchas veces se han negado a escuchar su cansancio para salir, lo que les ha costado la salud.

Para librarse de este estrés es necesario poner límites, explica el psicólogo: Un equilibrio difícil de encontrar cuando la promoción del partido está en todas partes.

En el ámbito público empezamos a hablar de fomo en 2004, coincidiendo con el inicio de las redes sociales. Fue con su llegada que el efecto creció como una bola de nieve. Ver lo que extraña a través de las redes y en particular de Instagram es uno de los problemas de Justine, quien encontró una solución radical:

Andar menos en las redes, ponerte límites y sobre todo recuperar la confianza en ti mismo, estas son las claves para luchar contra este mal. Por su parte, Glenn asegura que más o menos ha logrado deshacerse de este sentimiento y está seguro de ello.