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Cómo se están adaptando los bares al alcohol free en Barcelona

En Barcelona, ​​toda una generación está cambiando las reglas de la fiesta. Menos copas, más concienciación y bares que se adaptan silenciosamente a esta nueva sobriedad.

Un jueves por la noche en Boadas, la coctelería más antigua de Barcelona, ​​fundada en 1933 a un paso de las Ramblas. Detrás del mostrador, los camareros con chaquetas verdes y negras trabajan con la precisión de los cirujanos. Los clásicos reinan, los daiquiris fluyen, los clientes saborean. Pero si todo el mundo bebe, no será necesariamente lo mismo que antes. Menos ruidoso, más lento y mucho más consciente.

Una ruptura silenciosa

Aitana, 26 años, coordinadora de proyectos culturales, sostiene en la mano un cóctel, pero ligero, elegido deliberadamente. A su lado, Bernat, de 29 años, pidió un daiquiri, el único de la noche.

Según el Ministerio de Sanidad español, el consumo habitual de alcohol entre los jóvenes de 15 a 24 años ha caído del 44% en 2006 al 18% en 2024. Francesc Xavier Medina, antropólogo especializado en alimentación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), analiza este cambio con precisión. Para él, tres factores explican la creciente desafección por el alcohol, especialmente entre los jóvenes. Primero, un cambio en los tipos de alcohol consumidos.

Luego, una pérdida de control social y de educación familiar. La paradoja de una generación que bebe menos, pero que, cuando bebe, a veces lo hace sin red. Y por último, la salud.

Detrás del mostrador, los clásicos resisten

Lobsang López, 32 años, gerente de bar de Boadas desde hace cuatro, tiene cara de profesional que ve pasar las tendencias sin dejarse llevar. No hay revolución detrás del mostrador. Pero observa atentamente el resto de la escena.

Inmediatamente lo matiza con un pragmatismo cautivador. Menos vasos, factura más baja. Para el bar, la tendencia tiene un coste. La economía de los bares nunca está lejos.

En Boadas el equilibrio es claro, existen variaciones más ligeras, pero los clásicos siguen siendo potentes, fieles a sí mismos. Y entre ellos, el imprescindible daiquirí cubano. , dice Lobsang con tranquilo orgullo.

Sobriedad elegida, identidad desplegada.

Para Medina, no beber se ha convertido en algo más que una opción de salud. Una kombucha o un cóctel sin alcohol (estos cócteles sin alcohol funcionaban como si fueran reales) en la mano está hoy tan lleno de significado como lo estaba una copa de tinto para la generación anterior.

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Los mejores bares y restaurantes lo han entendido. Los menús se van ampliando, cervezas sin alcohol, vinos desalcoholizados, kombuchas, fermentos originales. , analiza Medina.

¿Es esta una tendencia pasajera? Habrá quienes dejarán de hacerlo por completo, quienes mantendrán una relación mesurada y quienes, a menudo los menos preparados, seguirán teniendo relaciones problemáticas con el alcohol fuerte. Todos los escenarios conviven.