¿Y si los expatriados conocieran Barcelona mejor que los catalanes?
Una nueva generación de “guiris”, jóvenes, cualificados y ultraconectados, se está instalando en la capital catalana con una sed insaciable de cultura local. Catalanes en el bolsillo, calçots en la carta y modernismo en el corazón, están implicados en la vida cultural… a veces más que los propios jóvenes catalanes. ¿Integración sincera o burbuja cosmopolita despolitizada? ¿Quién moldea el alma de la Barcelona actual?
Tienen un trabajo remoto, un nivel C1 en Duolingo, buen ojo para los conciertos independientes y un amor sincero por los calçots. Organizan visitas guiadas por El Raval, debaten sobre la herencia modernista en torno a un vermut y se conmueven ante el más mínimo azulejo de trencadís. ¿Qué tienen en común? Son expatriados cualificados, establecidos en Barcelona por elección y por pasión.
Casi 100.000 “guiris” de un nuevo tipo viven hoy en la capital catalana. Para los neófitos, este término se utiliza en España, y particularmente en Cataluña y Andalucía, para designar a los extranjeros, a menudo occidentales, percibidos como turistas o expatriados, con una connotación más bien burlona. Políglotas, conectados, culturalmente comprometidos, estos expatriados se sumergen en la historia, la gastronomía y la estética de la ciudad a veces con más intensidad que aquellos que nacieron allí. Basta plantearse la pregunta que enoja (o fascina): ¿y si estos recién llegados se convirtieran en los mejores embajadores de Barcelona? ¿O están construyendo involuntariamente una versión paralela –cosmopolita, suavizada, despolitizada– de la ciudad?
Detrás de esta pregunta un tanto provocadora -lo admitimos- se esconde una realidad cambiante: Barcelona está cambiando, atrayendo a una población cada vez más internacional, cualificada e hiperconectada. Con una tensión subyacente: algunos jóvenes catalanes se sienten marginados, relegados a un segundo plano en su propia ciudad.
Porque, según algunos, son los extranjeros los que tienden a informarse más sobre la cultura barcelonesa que los locales. , confiesa Clémentine, 26 años, fotógrafa en Barcelona.
¿Y cuál sería la causa? El dinero es una de las primeras razones que me viene a la mente, naturalmente. Cultivarse también tiene un precio. Y cuando sabemos que los expatriados son generalmente más ricos que los locales, eso ya nos da una pista”, plantea Sylvain*, un residente europeo que emigró a España hace seis años.
Barcelona, una ciudad moldeada por sus expatriados
¿Y si, en lugar de una riña entre expatriados y catalanes, abriéramos el debate (y nuestras mentes) al cambio que se está produciendo en la ciudad condal?, apunta Vincent, un francés jubilado que vive en Arenys de Mar.
continúa.
Un comentario que claramente resuena con fuerza entre los expatriados en Barcelona. , dice Felipe, de 39 años y originario de Bilbao. Pasó ocho años de su vida en el Reino Unido como expatriado y ahora lleva ocho años viviendo en la soleada Barcelona.
Por su parte, plantea a Lucie, una joven británica que se mudó a Barcelona en 2018, reconoce, un fenómeno que, por tanto, podría repetirse en Barcelona.
¿Qué ven los guiris y que los lugareños ya no miran?
En este mismo tema está trabajando Laura, estudiante de doctorado en sociología de la Universidad de Barcelona. Esta cuarentona estadounidense prefiere utilizar el término “migrantes de estilo de vida” en lugar de “expatriados” para designar a estos nuevos habitantes atraídos por un determinado estilo de vida, a menudo a largo plazo, y no necesariamente por motivos puramente profesionales.
explica.
Según ella, los inmigrantes de estilo de vida a menudo traen consigo una nueva forma de leer la ciudad. El slow living, la importancia que se da al bienestar, al caminar, a la estética del día a día… Tantos valores que encarnan a través de sus elecciones de estilo de vida, sus publicaciones en las redes sociales o los pequeños negocios que crean.
continúa.
Pero este fenómeno también plantea una pregunta fundamental: ¿quién decide cuál es la “real” Barcelona? Y, sobre todo, ¿cuándo esta relectura entusiasta de la ciudad se convierte en una –involuntaria– palanca de gentrificación?, se pregunta Laura.
Barcelona quizás no sea un territorio del que “poseer”, sino una ciudad para vivir, cada uno a su manera. Aún es necesario que todas estas formas puedan coexistir, sin pisarse unos a otros…
Este artículo publicado originalmente en mayo de 2025 ha sido actualizado.
