Premio de electricidad Espain

Black-Out en España: los límites de una red eléctrica dominada por la energía solar y el viento

Una de las lecciones más importantes que hemos aprendido como ingenieros a lo largo de los años es que no hay sistemas perfectos o infalibles. Cualquier sistema, tan sofisticado como es, funciona dentro de los límites definidos por sus especificaciones. Cuando deja este marco, su comportamiento puede volverse impredecible.

El 28 de abril, fuimos testigos de un evento sin precedentes: la falla de un sistema eléctrico completo, una de las infraestructuras más complejas y costosas jamás construidas por la humanidad. Este tipo de sistema reúne a miles de profesionales de varios campos: ingeniería, economía, operaciones, mantenimiento y muchos otros, que colaboran todos los días para que la electricidad circule continuamente, invisible y silencioso, desde las plantas de producción hasta los millones de consumidores.

Algo obviamente escapó de pronósticos, causando grandes consecuencias a escala. Incluso si las hipótesis están abundando actualmente, tomará días, incluso semanas, comprender con certeza lo que sucedió. Para tratar de explicar el incidente, es útil revisar cómo funciona un sistema eléctrico moderno y cómo se mantiene en equilibrio.

Un saldo fundamental

Desde un punto de vista técnico, la red eléctrica está diseñada para mantener, en cualquier momento, un equilibrio preciso entre la energía producida y la energía consumida. Cuando este equilibrio se rompe, incluso durante unos pocos milisegundos, puede ocurrir inestabilidad transitoria. Si el desequilibrio continúa más allá de unos pocos segundos, el riesgo de un colapso del sistema aumenta considerablemente.

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En sistemas de corriente alternativos, la frecuencia de la señal eléctrica, 50 Hz en Europa, actúa como un indicador clave de este balance. Una frecuencia mayor que el valor nominal indica un exceso de producción; Una frecuencia más baja, un déficit. Esta es la razón por la cual los códigos de red establecen estrictos márgenes de tolerancia, tanto para la frecuencia como para la tensión.

Si un generador o una subestación deja estos márgenes, los sistemas de protección están diseñados para aislarlos automáticamente, para evitar efectos adversos o impredecibles. Cuando hablamos de «pérdida de producción», generalmente nos referimos a la desconexión de los generadores activados por estas protecciones, debido a condiciones anormales. Esto es precisamente lo que sucedió el 28 de abril, lo que provoca una cadena de eventos que condujo al colapso.

¿Cómo mantener la estabilidad de la red eléctrica?

Históricamente, la estabilidad de la red eléctrica se basó en lo que se llama la «masa giratoria»: la inercia mecánica de los grandes generadores sincrónicos conectados directamente a la red. Esta inercia actuó como un amortiguador natural frente a las perturbaciones rápidas, ayudando a mantener una frecuencia estable a pesar de las variaciones repentinas en la producción o la demanda.

Sin embargo, las fuentes modernas renovables, como la energía solar y el viento fotovoltaica, no tienen esta capacidad. Están conectados a la red por los convertidores de energía electrónico, que, por su diseño, no reaccionan automáticamente a las variaciones de frecuencia y no participan activamente en el control del voltaje, a menos que las programemos específicamente para esto.

Además de su dimensión técnica, el sistema eléctrico es un ecosistema económico sofisticado. Funciona a través de diferentes mercados, principalmente el mercado energético (que define la combinación de producción por hora) y el mercado de servicios de ajuste (que garantiza el equilibrio en tiempo real, incluso en caso de contingencia).

Estos mercados apuntan a minimizar el costo general de la energía, pero la creciente integración de las energías renovables, que, una vez instaladas, produce un costo marginal cero, aumenta la necesidad de servicios auxiliares para garantizar la estabilidad del sistema. En otras palabras, lo que se obtiene en la eficiencia económica puede requerir más inversiones para garantizar la confiabilidad operativa.

Cuando las energías renovables se convierten en la mayoría

El mes de abril, marcado por una solicitud eléctrica baja (ni calefacción o aire acondicionado intensivo), es ideal para que los energías renovables cubran una gran parte del consumo. Esto reduce el costo de producción, pero también implica operar la red en condiciones de inercia bajas, con menos generadores rotativos y más convertidores electrónicos. Todo indica que el incidente del 28 de abril ocurrió en estas condiciones, que sin duda contribuyeron al fracaso.

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Afortunadamente, los convertidores modernos ya se pueden controlar para imitar el comportamiento de la producción rotativa, ofreciendo apoyo inercial y ayudando a estabilizar la frecuencia y la tensión.

Los investigadores de la Unidad de Sistemas Eléctricos IMDEA Energía están trabajando en el desarrollo de nuevos algoritmos de control para convertidores de energía, que sirven como interfaces para fuentes y baterías renovables. Para que esto se convierta en una realidad generalizada, se requieren cambios regulatorios, incentivos económicos y nuevos mecanismos de remuneración que valoren estos servicios.

En países como España, que operan redes relativamente aisladas, ya se están creando mercados específicos para los servicios de estabilidad, como la inercia real o virtual, y se están revisando los requisitos de conexión para permitir la participación activa de las energías renovables en el control del sistema.

Desde el punto de vista de un ingeniero, está claro que para garantizar la confiabilidad de los sistemas eléctricos en condiciones de operación cada vez más exigentes, debemos repensar los principios operativos tradicionales. No es solo una cuestión de adaptarse, sino de definir nuevas especificaciones para un sistema, un producto vital, en evolución rápida, de la que todos dependemos.

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Este artículo fue publicado inicialmente en la conversación. Lea la versión original.