Conducción española: shock y clichés para los franceses
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Cada vez que regresas de un fin de semana en Cataluña o de un viaje por carretera a Andalucía, surge el estribillo: “¡En España conducen como quieren!”. «. Sin embargo, las estadísticas dicen exactamente lo contrario. En España conducimos más rápido… pero más seguro que en Francia. Entonces, ¿cómo explicar esta gran brecha entre el sentimiento y la realidad?
Cualquiera que haya conducido alguna vez por Barcelona, Madrid o Valencia conoce esta impresión difusa: tráfico más animado, conductores que a veces toman decisiones con franqueza, inserciones que parecen ocurrir a cada segundo y uso del intermitente un poco más… aproximado. Para un francés acostumbrado a códigos más estrictamente respetados, esto puede dar la impresión de una conducta desordenada, a veces incluso peligrosa.
Sin embargo, cuando dejamos las anécdotas para fijarnos en los datos oficiales, el panorama se invierte completamente. Según las estadísticas de la Comisión Europea publicadas en 2024, España tiene alrededor de 37 muertes en carretera por millón de habitantes, frente a 48 en Francia.
España, modelo de seguridad vial frente a Francia
La espectacular mejora de la seguridad vial en España no es nueva. Desde la década de 2000, el país ha implementado una combinación de políticas públicas, modernización de su red vial y campañas de prevención particularmente efectivas. en su Informe sobre la evolución de la mortalidad en carretera en Españala DGT (Dirección General de Tráfico) proporciona una cronología clara de esta transformación. Esta progresión se ha traducido en un impresionante descenso del número de muertes en carretera, hasta el punto de que la OMS clasifica periódicamente lasEspaña entre los países más seguros del mundo para conducir.
Numerosos organismos internacionales también destacan que la red española, una de las más grandes y mejor mantenidas de Europa, juega un papel clave. Tramos enteros de autopistas que antes eran de peaje ahora son gratuitos, lo que agiliza el tráfico y reduce la congestión, lo que también ayuda a reducir los accidentes.
Conducta más directa, a veces considerada “brusca”
Lo cierto es que los conductores franceses siguen percibiendo la conducción española como menos disciplinada. Esta impresión se debe principalmente a una diferencia cultural y no a un empeoramiento real del peligro. En España prima la fluidez sobre la rígida anticipación: nos insertamos más rápidamente, nos posicionamos más claramente en las vías principales, dudamos menos antes de cambiar de carril. Para quienes están acostumbrados, esto no es alarmante. Para un visitante francés, esto parece repentino.
Esta brecha se refuerza en las grandes ciudades, donde la densidad del tráfico requiere decisiones rápidas. Una vez más, esto no se traduce estadísticamente en accidentes más graves. Más bien, es el contraste entre las dos culturas lo que crea la sensación de comportamiento “diferente”.
Comportamientos de riesgo comparables a Francia
Como en toda Europa, ciertos comportamientos siguen siendo problemáticos en las carreteras españolas. Utilizar el teléfono mientras se conduce, ya sea para leer un mensaje, manejar un sistema multimedia o simplemente para distraerse, se ha convertido en una de las principales causas de accidentes graves. La velocidad inadecuada también sigue siendo un elemento recurrente en las colisiones mortales, y el alcohol o las drogas siguen siendo la causa, a pesar de años de campañas de prevención.
España ciertamente cuenta con una red de carreteras moderna y en general bien mantenida, pero esto no impide la existencia de factores de riesgo puntuales, como en cualquier país europeo. Ciertas zonas pueden tener señalización debilitada, un revestimiento al final de su vida útil o mejoras mejorables, mientras que las condiciones climáticas desfavorables, lluvia, niebla, hielo, aumentan en ocasiones la peligrosidad de la vía. Ante estos desafíos, las autoridades han reforzado la vigilancia y desplegado radares de nueva generación en muchos ámbitos para reducir los comportamientos más riesgosos.
Sin embargo, estas dificultades no son en modo alguno específicas de España. Existen igualmente en Francia y, sobre todo, reflejan los desafíos contemporáneos a los que se enfrentan todas las carreteras europeas: la progresión constante de la distracción digital, el exceso de velocidad y la necesidad de adaptar constantemente las infraestructuras a usos cada vez más exigentes.
