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Las Ramblas de Barcelona: la obra interminable

Las obras de renovación del bulevar más famoso de Barcelona, ​​iniciadas en 2022, finalizarán en febrero de 2027. Pero una vez cerrado este proyecto, ya se avecina otro: el del mercado de la Boquería, que comenzará este verano.

Lonas, vallas metálicas, martillos neumáticos, un fondo constante: La Rambla vive al ritmo de las excavadoras desde hace casi cuatro años. El bulevar, donde se cruzan cada día miles de turistas, lugareños y vendedores ambulantes, se parece, en algunos lugares, más a un astillero que al paseo bordeado de plátanos que lo ha hecho famoso en todo el mundo.

Entre los vecinos que sueñan con un espacio finalmente devuelto a los peatones y los comerciantes que ven menguar su clientela mes tras mes, la obra de la Rambla se ha convertido, en sí misma, en un barómetro de la transformación, a veces dolorosa, de Barcelona frente al turismo de masas. La factura es tan alta como la de la obra: más de 55 millones de euros financiados por la ciudad.

Cuatro años después, el fin se avecina

Todo empezó el 3 de octubre de 2022, bajo el mandato de Ada Colau, con la apertura del primer tramo entre Drassanes y Santa Madrona. Originalmente, el proyecto iba a durar hasta 2030. La llegada de Jaume Collboni al ayuntamiento cambió la situación ya que el nuevo ejecutivo hizo de la renovación una prioridad política y redujo el calendario a 34 meses de obras reales, divididas en tres fases principales.

El lado Gòtic fue tratado en primer lugar, hasta mediados de 2025, antes de dar paso al lado del Raval, finalizado en la primavera de 2026. Desde principios de año, los equipos abordan por fin el tramo central, el más emblemático, entre la plaza de Cataluña y el memorial de Miró.

Los desafíos de esta reforma son múltiples: ampliar las aceras en un tercio, reducir el espacio para los automóviles a un único carril de circulación ascendente, reverdecer el bulevar, modernizar las redes de metro que tienen varias décadas de antigüedad y darle al lugar una vocación cultural y cívica más que puramente turística.

El municipio también quiere acabar con la imagen de un bulevar saturado de terrazas dispares y vendedores ambulantes. La Rambla debe así convertirse en la primera de la ciudad, con menos mesas, sombrillas idénticas para todos los establecimientos y sin marcas ni logotipos visibles en el mobiliario.

Y después de cuatro años de espera, una fecha está ahora en boca de todos: los días 13 y 14 de febrero de 2027, el ayuntamiento organizará una gran fiesta popular para celebrar la reapertura total del bulevar, denominada .

La Boquería no se salva

Por si una obra fuera poco, ahora le toca al mercado de la Boquería, justo al lado, entrar en fase de obras. Tras una votación de los comerciantes aprobada por más del 90% en el otoño de 2025, el ayuntamiento confirmó que las obras comenzarán este verano de 2026, con una primera fase centrada en la reconstrucción de la isla central del pescado, la mejora de la accesibilidad y la renovación de las instalaciones sanitarias.

El presupuesto anunciado ronda los 12 millones de euros, una dotación que fuentes internas ya sugieren que está aumentando. Esta primera etapa debe estar terminada a finales de 2027, el resto del proyecto, incluida la retirada completa del amianto del tejado, podría durar hasta 2030, según determinadas estimaciones.

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El objetivo planteado por el municipio va más allá de la simple renovación ya que pasa por reequilibrar la oferta entre productos frescos y platos preparados, con un mínimo del 50% de productos tradicionales garantizados por un nuevo reglamento interno. El comisionado municipal de Turismo Sostenible, José Antonio Donaire, resumió la filosofía del proyecto comentando la necesidad de una verdadera de las zonas más congestionadas de la ciudad. Lo suficiente como para preocupar a los comerciantes del barrio, que temen acumular molestias en los próximos meses.

En las calles, cansancio de comerciantes y turistas

Para Miguel, pintor que lleva quince años trabajando en el tramo central, la obra tiene un sabor amargo. Dice que ha perdido alrededor del 30% de sus clientes desde que comenzaron las obras porque los turistas son desviados hacia otras rutas, el paso ha cambiado varias veces en pocos meses y el ruido constante de las máquinas de construcción disuade a los curiosos de detenerse frente a su caballete. , resume señalando las vallas que ahora bordean su ubicación habitual.

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Por parte de los visitantes, las reacciones oscilan entre la incomprensión y la resignación. Elena, una joven griega que vino a pasar una semana a Barcelona, ​​admite no haber sabido que el bulevar estaba en obras antes de reservar su estancia. Reconoce, sin embargo, que sin duda es necesaria una renovación en un lugar tan concurrido.

Sarah, turista británica, extrae una lección más pragmática de su estancia al declarar que en cuanto a Hervé, en viaje de negocios desde Francia, su asombro está teñido de enfado, afirma.

Queda por ver si el calendario, ya acelerado una vez, se mantendrá esta vez hasta el final y si los barceloneses encontrarán, en 2027, la Rambla que les han prometido desde hace cuatro años.