Tolerancia cero y 600 euros bien: cuando Barcelona sale de la guerra en los botes de basura
44
En los callejones de Gòtic y Raval, el incivismo se ve, se siente y se acumula. Latas abandonadas, sofás rasgados, orina tibia al pie del edificio: Barcelona se asfixia bajo sus propios desechos. Después de haber cerrado los ojos durante mucho tiempo, el ayuntamiento va a la ofensiva con una campaña de represión sin precedentes.
Desde abril, se ha realizado una operación de «conciencia» en las arterias más sucias de Ciutat Vella. La amenaza es clara: 600 euros multa para cualquier desierto de basura o incumplimiento con las horas de recolección. Precede a la sanción, pero Albert Batlle, asistente de seguridad, promete:
La intervención apunta a los tres distritos más afectados: el Raval, el Gòtic y el CASC Antic. Donde, según el Ayuntamiento, la tasa de «incivismo» alcanza entre 53 % y 86 %. El dispositivo: marcado de bolsas mal lanzadas, distribución de fino aviso cerca de contenedores y nuevas horas de recolección, al amanecer y al final de la noche, para rastrear los recalcitrantes.

Ejemplo: en el CASC Antic, los desechos deben liberarse entre las 8 p.m. y 10 p.m. ¿Muebles? Miércoles por la noche, mismo nicho. El papel, el plástico, el vidrio y los metales pequeños se pueden depositar diariamente, pero solo en ciertas calles como Méndez Núñez o Francesc Cambó.
Para hacer cumplir estas medidas, el ayuntamiento ha atraído a todo un arsenal de sanciones:
- Basura malteada: € 600
- Uriner en la calle: 300 €
- Haga sus necesidades en un monumento o un lugar frecuentado por niños: entre € 750.01 y € 1,500
- Graffiti sin autorización: 100 a 600 €
- Ruido nocturno: hasta 700 €
- Trastornos graves para el orden público (gritos, peleas, canciones …): hasta 3.000 €
- Lanza una lata en la carretera pública: € 500
- Beber alcohol en el espacio público (vidrio o lata): hasta 100 €
Leer también: ¿Barcelona está realmente limpio?
El Ayuntamiento ha establecido un mapeo preciso de las áreas a ser monitoreadas. En el Gòtic, las calles Carabassa, Serra u Obradores están dirigidos a basura, graffiti y orinación. En el Raval, lo habitual como Joaquim Costa, Paloma o Ferlandina están en la mira para el consumo de alcohol, lanzando botellas y al final de la orina nocturna. El Antic Casc, concentra los esfuerzos en las calles Sant Pere Mitjà o Mònec.
Estas medidas, estrictas e inéditas, llegan con un momento perfecto: justo antes del verano, una temporada marcada por un incivismo diez veces causado por los turistas.
