Trump, caída del dólar, subida de impuestos: ¿podrá España soportar el shock en 2026?
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Después de un año de agonizante 2025, el amanecer de 2026 confirma lo que todos temían: con Donald Trump, la normalidad transatlántica ha pasado el arma a la izquierda. Entre tuits asesinos, guerra comercial y montaña rusa bursátil, la economía española intenta mantener el rumbo en la tormenta. ¿Deberíamos esperar un desastre este año o simplemente una calada de tabaco? Spoiler: es complicado.
Es la resaca del 1 de enero la que dura demasiado. Si algunos todavía esperaban una “vuelta a la normalidad” después de un 2025 colorido, podemos decir que fue enterrado sin flores ni coronas. En última instancia, la presidencia de Trump es un poco como una cena familiar que salió mal: sabemos que será ruidosa, pero todavía no sabemos quién se llevará la salsera en la cara.
Para España, el impacto ya se está cuantificando y la factura es elevada. CaixaBank Research sacó su bola de cristal a mediados de enero: el crecimiento español debería, por supuesto, alcanzar el 2,1% en 2026 y seguir así siendo uno de los de mejor comportamiento en Europa (con un magro 1,3% para la zona del euro), pero España aún perdería 0,8 puntos respecto a 2025. Esto se debe a que el comercio mundial se ha resfriado y los inversores, fríos como gatos escaldados, están esperando a ver dónde caerán los próximos impuestos. (y idas y vueltas de última hora, ya que Trump tiene el secreto).
Misma historia -o más bien alarma- del Banco de España. Su gobernador, José Luis Escrivá, al regresar de Davos con cara seria, confirmó que los “peores escenarios” de las pruebas de estrés de 2025 comenzaban a gestarse. Por ello, la institución ha reducido sus previsiones (adiós al 2,7% esperado). España, aunque se “alimenta menos” de China que Alemania, está sufriendo los daños colaterales de la guerra comercial. Cuando Berlín estornuda, Madrid no necesariamente se resfría, pero siente la corriente.
El dólar cae: ¿buenas o malas noticias?
Aquí es donde la historia se vuelve retorcida. Nos prometieron un “dólar rey”, pero es más bien un desastre para el dólar, que acaba de caer a su nivel más bajo frente al euro en cuatro años y medio. ¿Buenas o malas noticias para España?
Es el juego de “cara yo gano, cruz tú pierdes”. Por otro lado (el consumidor sonríe): como el petróleo se paga en dólares, la factura energética se reduce. En términos más generales, se trata de una buena noticia para la lucha contra la inflación, que, además de aliviar la cartera de los hogares europeos, puede llevar al Banco Central Europeo a bajar sus tipos clave más rápido de lo esperado. Algunos miembros de la institución lo sugirieron esta semana. Emocionante para cualquiera que quiera dar crédito.
Por otro lado (llora el exportador): es una doble pena. Trump no sólo está levantando barreras aduaneras, sino que con un euro fuerte, los productos europeos ahora cuestan más a los estadounidenses. Resultado indirecto: una pérdida de competitividad que corre el riesgo de expulsar al Made in Spain del mercado americano con más seguridad que un decreto presidencial, aunque las perspectivas no eran muy gloriosas.
Y luego, para multinacionales como Ferrovial, ACS o Iberdrola, es una pesadilla: sus beneficios americanos, una vez convertidos en euros, se derriten como nieve al sol en los balances contables.
El sector agroalimentario español es rehén
Mientras tanto, Andalucía seguramente esté sufriendo algo de insomnio. El aceite de oliva español se enfrenta a un muro arancelario del 15%. Si a eso le sumamos la debilidad del dólar, el oro líquido español se ha convertido en un producto de lujo para los estadounidenses en comparación con el petróleo californiano. Mismo castigo para el vino y el sacrosanto jamón, con pérdidas estimadas en 9 millones de euros. Ciertamente, no es gran cosa a escala macro, pero es una pequeña tragedia para la región española.
¿Y qué pasa con los automóviles? Si Trump redujo «generosamente» los derechos de aduana al 15% (demasiado amable…), esto sigue siendo 12,5 puntos básicos más que antes del regreso del republicano a la Casa Blanca. Realmente no es un regalo para las fábricas de Stellantis en Vigo o Ford en Valencia.
La respuesta: Europa, este banquero que se ignora a sí mismo
Pero ojo, a Europa no le faltan ases bajo la manga. Como señala Raymond Torres, director de estudios económicos de Funcas, tenemos una manera de hacer que Trump pruebe su propio veneno, para usar la expresión anglosajona.
De hecho, Europa posee 7,2 billones de euros en activos estadounidenses, en bonos del Tesoro y acciones. Dicho de otra manera, son los ahorros del Viejo Continente (entre ellos 127.000 millones españoles) los que financian la abismal deuda de Estados Unidos y el estilo de vida de la administración republicana. “La estabilidad financiera de Estados Unidos depende de la buena voluntad de los ahorradores extranjeros”, recuerda Raymond Torres. Si Europa cerrara el grifo, serían muy malas noticias para Washington.
El problema es que somos hormigas trabajadoras frente a una cigarra americana. Europa ahorra demasiado y no invierte lo suficiente en casa. Ésta es la paradoja que señala Funcas: financiamos a nuestro propio rival económico. Es un poco como prestarle dinero a tu vecino ruidoso para que pueda comprar una batería más grande…
Resiliencia y crisis económica
A pesar de este panorama bastante sombrío, España se mantiene firme. El país registró a finales de octubre un superávit histórico por cuenta corriente de 47.000 millones de euros, el mejor resultado jamás registrado para este período. El turismo se disparó con 97 millones de visitantes el año pasado. Ciertamente, el estadounidense promedio encontrará la sangría un poco más cara en 2026, debido al tipo de cambio, pero la inercia está ahí. Sólo a finales de año sabremos si el fortalecimiento del euro habrá tenido algún impacto en el turismo estadounidense.

Y además, como señala sabiamente el Instituto Elcano, España ya no es un actor pequeño. Firma acuerdos con la India, sus ministros se dan la mano en Davos y sus empresas se están diversificando.
Sin embargo, según Ipsos, el 65% de los españoles teme el impacto de Trump en su bolsillo. Un impacto que podría verse incrementado por las amenazas del presidente americano a la economía española, que considera que el país es «irrespetuoso» con la OTAN y exige que se alinee con el 5% del PIB destinado a defensa. ¿Tendremos que elegir pronto entre comprar tanques o financiar la transición ecológica, se pregunta Raymond Torres? Ese es el siguiente dolor de cabeza, pero el economista catalán José Miró cree que gastar tanto en defensa perjudicará a sectores que realmente necesitan un impulso, como los ferrocarriles españoles…
Mientras tanto, es mejor esperar: dado este mes de enero, el año 2026 puede que tampoco sea un camino fácil.
