IMG 1451 1 a escala

Ante la creciente inseguridad en Barcelona, ​​las mujeres recurren a la autodefensa

Con motivo del Día Internacional contra la Violencia sobre la Mujer, el 25 de noviembre, la autodefensa parece ser una respuesta imprescindible, especialmente en Barcelona. Esta disciplina ofrece herramientas concretas para fortalecer la confianza en uno mismo, hacer valer sus límites y sentirse seguro en los espacios públicos.

A pocos pasos del parque de la Ciutadella, el Club de lucha con martillo resuena con golpes en el paos y respiración concentrada. hombres y mujer Personas de todas las edades y orígenes se reúnen para aprender a establecer sus límites, enfrentar sus miedos y reconocer una amenaza antes de que se materialice. Cada golpe, cada esquiva se convierte en una lección de vigilancia y estrategia, un entrenamiento de autocontrol.

Para quien cruza sus puertas, no es sólo un gimnasio, sino un verdadero refugio. Un lugar donde la confianza se construye paso a paso y el miedo se transforma en fortaleza. El enfoque del club es integral: trabajamos el cuerpo, pero también la mente, desarrollando los reflejos, la confianza y el control emocional. Cada sesión es una invitación a descubrirte más fuerte, a desafiar tus límites y superarlos.

Por qué la autodefensa es esencial

En el gimnasio dirigido por el instructor Óscar Abad, un grupo de alumnos, tanto mujeres como hombres, entrenan sobre las colchonetas, repitiendo movimientos y secuencias con concentración. Léa, de 25 años, una parisina rubia de ojos brillantes, explica que su motivación es tanto preventiva como emocional, confiesa. Junto a él, Madeleine, también parisina, recuerda un robo que presenció a su llegada a la ciudad. , afirma la joven madre de 34 años.

Julie, de 26 años, de mirada alerta y sonrisa franca, insiste en la importancia de reaccionar ante el estrés. Incluso sin haber sufrido un ataque, se siente más tranquila.

Clases para todos

Las clases de defensa personal en Barcelona acogen a una gran variedad de perfiles, desde adolescentes hasta mujeres trabajadoras, pasando por aquellas que buscan sobre todo sentirse más seguras. En el gimnasio, el sonido de las pisadas sobre las colchonetas se mezcla con golpes rítmicos en el saco y precisas instrucciones de Óscar Abad, director del club. Casi la mitad de sus alumnos son mujeres, explica. , precisa, observando a sus alumnos repetir los gestos con concentración.

Alba y Laura, jóvenes instructoras, insisten en que la defensa personal no se limita a lo físico. Guían a los participantes para que aprendan a marcar sus límites, pedir ayuda y transformar una situación violenta en una experiencia controlada. , explican, mientras los participantes se ayudan y animan sobre las colchonetas.

Marie, una francesa de 32 años que trabaja en eventos, practica Krav Maga desde hace seis años y destaca la importancia de controlar las emociones, especialmente ante el estrés que a menudo siente en su vida profesional diaria. , explica con calma.

Incluso las adolescentes, como Sara, de 16 años, encuentran en estas clases una forma de sentirse protegidas en su entorno. Decidió defenderse porque vive en un barrio peligroso y quería protegerse. Entre gestos precisos y consejos prácticos, el gimnasio se convierte en un espacio donde la vigilancia se mezcla con la confianza, donde el miedo puede transformarse en confianza y autonomía.

Empoderamiento y confianza

Cada sesión es también un acto simbólico de emancipación. Léa dice que los cursos le demostraron que podía hacerlo. Madeleine añade que la disciplina le permite sentirse preparada para proteger a su bebé y afrontar situaciones peligrosas.

Marie destaca la importancia del control personal afirmando que Julie añade por su parte que “

En este contexto, el Krav Maga y la autodefensa se convierten en verdaderas herramientas de resiliencia y prevención. No sólo sirven para defenderse, sino que enseñan a leer el peligro, valorar el entorno y elegir las reacciones más seguras. Los clubes se convierten en espacios de apoyo donde las mujeres crean comunidades de apoyo, se ayudan unas a otras y comparten sus experiencias. Las técnicas aprendidas se combinan con un aprendizaje psicológico esencial: gestionar el miedo, marcar los límites y saber pedir ayuda, habilidades todas ellas que ofrecen confianza, autonomía y libertad mucho más allá del tatami.

Y por una buena razón. A nivel mundial, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual a lo largo de su vida. En 2024 se produjeron en España 199.094 denuncias por violencia de género, una media de 544 denuncias al día, y desde 2003, más de 1.330 mujeres fueron asesinados.

La violencia contra las mujeres sigue siendo una realidad escalofriante en Barcelona. El año pasado, el Hospital Clínic de Barcelona se hizo cargo de 784 casos de agresión sexualun aumento del 15,6% en un año. A nivel municipal, un informe del Ayuntamiento de Barcelona (2024) revela que 38% de las mujeres ya han sufrido acoso sexual, en comparación con sólo el 6% de los hombres. Estos datos subrayan la urgencia de ofrecer a las mujeres herramientas de prevención y protección adaptadas a todas las edades y perfiles.