Barcelona, la ciudad de las casas sin calefacción
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Barcelona no está preparada para el invierno. En una ciudad donde la mayoría de los hogares carecen de calefacción central, los residentes enfrentan el frío con mantas, calentadores y facturas de electricidad por las nubes.
Barcelona tiene fama de ser suave en invierno. Sin embargo, detrás de las fachadas modernistas y las palmeras a la orilla del mar, la ciudad tiembla. En un gran número de apartamentos no hay calefacción central. Los edificios, diseñados para soportar el calor del verano, dejan entrar la humedad y el frío tan pronto como bajan las temperaturas. El resultado: residentes envueltos en mantas, calentadores enchufados a máxima potencia y facturas de electricidad por las nubes.
Apartamentos sin calefacción central
En Barcelona, el problema no se limita a la falta de calefacción central en algunos apartamentos: incluso cuando existe un sistema, a menudo es antiguo o insuficiente para hacer frente a las olas de frío. En los edificios más antiguos, las paredes mal aisladas y las ventanas de simple acristalamiento dejan pasar el aire frío y la humedad, lo que dificulta mantener una temperatura confortable.
Según datos oficiales, el 17% de los hogares de la ciudad de Barcelona no dispone de calefacción, cifra que se eleva al 19% en el conjunto de la provincia. El resultado es que, incluso con calefactores, una gran proporción de residentes lucha por mantener caliente su apartamento. El invierno se convierte en un desafío diario: el frío persistente en las habitaciones, asociado a un consumo eléctrico a menudo muy elevado, afecta al confort y la salud de los residentes, en particular de los niños, los ancianos y los hogares de bajos ingresos.
La pobreza energética que afecta a Cataluña
Incluso donde existen sistemas de calefacción, muchos hogares catalanes no pueden calentar sus viviendas adecuadamente. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE, 2023), una cuarta parte de los hogares en Cataluña afirma no poder mantener una temperatura adecuada en su hogar en invierno.
El elevado coste de la electricidad y el gas agrava el problema, obligando a algunos residentes a reducir la calefacción o a utilizar aparatos complementarios ineficientes, lo que aumenta los riesgos para la salud y el confort diario. En 2023, cerca de 36.000 barceloneses se beneficiaron de los Puntos de Asistencia Energética (PAE), un sistema municipal que asesora y apoya a los hogares en situación de pobreza energética. Entre ellos, el 40% afirmó que no podían calentar sus casas adecuadamente, lo que revela la magnitud del problema en la capital catalana.
La situación varía mucho según el barrio. En Ciutat Vella, más de la mitad de los apartamentos no tienen calefacción central, en comparación con sólo el 13% en barrios más ricos como Sarrià. Estas disparidades reflejan la antigüedad de los edificios y la falta de inversión en renovación térmica.

Consecuencias sobre la salud y la vida diaria
El frío prolongado en hogares con mala calefacción tiene efectos directos sobre la salud. Aumenta el riesgo de enfermedades respiratorias, hipotermia en los ancianos y estrés crónico en familias de bajos ingresos. Así, el 10% de los hogares barceloneses vive en una situación de gran pobreza energética, al no poder calentar adecuadamente sus viviendas ni cocinar cómodamente.
EL PAE ayudan a paliar la situación: en 2024, han asesorado a más de 13.000 hogares, han evitado cerca de 9.000 cortes de electricidad y han optimizado el consumo energético gracias al asesoramiento y la asistencia social.
Una solución que sigue siendo parcial
A pesar de estos esfuerzos, las medidas siguen siendo insuficientes ante un problema estructural. El parque de viviendas de Barcelona es en su mayoría antiguo, con paredes mal aisladas, ventanas de un solo acristalamiento y calefacción a menudo obsoleta. Los expertos piden políticas ambiciosas de renovación energética, especialmente dirigidas a los barrios vulnerables, para garantizar un acceso equitativo a viviendas cálidas y seguras durante el invierno.
Barcelona, ciudad reconocida por su clima templado, revela una realidad preocupante: para decenas de miles de sus habitantes, el invierno es sinónimo de frío, consumo excesivo de energía y preocupación por la salud. Mientras no se renueve el antiguo parque de viviendas y no se resuelva la pobreza energética en su origen, el problema persistirá, muchos barceloneses seguirán enfrentándose al invierno envueltos en mantas, con los calefactores funcionando a todo trapo y las facturas seguirán aumentando.
